Se presenta como una nueva oportunidad para desplegar fuerzas militares
¿A dónde va México…?
Por Jesús González Schmal
Calderón persiste en la obsesión militar obediente a la consigna del norte; nuestra patria, con el PAN o con el PRI, va a la ruina
Estados Unidos ha acelerado el retiro de sus tropas de Afganistán a la par que lo hace la OTAN en lo que llaman las Fuerzas Internacionales de Asistencia para la Seguridad. Las zonas controladas por el Talibán resurgen para continuar su ininterrumpida tarea de proveer del 40% de la producción mundial de opio. La provincia de Helmand disminuyó levemente, en 2011, el cultivo de la amapola, pero éste descenso fue suplido, con creces, en la provincia de Kandahar, para incrementar las más de 120 mil hectáreas que en éste país se dedican al cultivo de la droga.
La lección es muy clara para México. La supuesta lucha contra la producción y comercio de las drogas que sostiene Estados Unidos con la justificación, incluso, de invadir militarmente un país, y ocasionar decenas de miles de muertes civiles, humillando a los pueblos, no tiene, en serio, la mínima intención de acabar con la oferta de estupefacientes, simple y sencillamente, porque bien saben que habiendo demanda, ello es imposible.
El pretexto norteamericano para invadir Afganistán fue la persecución de Osama Bin Laden como el más cruel enemigo de la Unión Americana. Al final, dizque lo encontraron ya retirado, en compañía de su familia, en una casona de Abbottabad, Pakistán. Tuvieron el cuidado de ejecutarlo y lanzar su cadáver al mar antes de juzgarlo, porque hubiera sido mucho lo que el líder de Al Qaeda sabía del verdadero autor del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, quien todavía vive, tranquilamente, en su rancho ganadero del estado de Texas.
Lo cierto es que el retiro de tropas norteamericanas de Afganistán, cumplido con demora por Barack Obama, tiene doble fondo. Por una parte le permitirá a Estados Unidos enfilar sus baterías contra Ahmadineyad, presidente de Irán, quien, a partir de entonces, se prepara contra el embargo petrolero que Estados Unidos promueve para ser ejecutado por la Unión Europea. Ante dicha amenaza, Irán, a su vez, pretende cerrar el paso marítimo por el Estrecho de Ormuz.
Por otro lado, los efectivos militares y recursos bélicos implicados en las operaciones de Afganistán estarán disponibles en gran parte y a pesar de que Barack Obama anunció que reducirá el presupuesto militar para 2012; obviamente, ésta promesa se desploma porque la economía norteamericana requiere de ese inmenso gasto para paliar el desempleo creciente en su territorio. México se presenta como una nueva oportunidad para desplegar fuerzas militares, que iniciaron, ya, las primeras incursiones en Matamoros, Tamaulipas, y que no es remoto, sino crudamente real, que pretenden proseguir hacia el sur.
El estado de guerra que ha declarado Calderón desde el inicio del sexenio no es una estúpida declaración de un ignorante en criminología y derecho constitucional, sino un perverso acoplamiento a los planes de Washington, que ha venido armando la justificación que necesitaba para trasladar a México, primero, agentes de la DEA y oficinas de inteligencia, y después refuerzos militares, precedidos de una buena importación clandestina de armas de alto poder (“Rápido y Furioso”).
Está probado, hasta la saciedad, que ni en México, ni en los Estados Unidos, el combate al narcotráfico, mediante la exclusión de la policía y la intervención del Ejército, haya reducido un mínimo la producción y el consumo, y sí, en cambio, ha generado violencia y migración del crimen organizado hacia otros delitos de más alto impacto social, con daños irreversibles (secuestro, extorsión, sicarismo).
El caso Afganistán, de donde viene el actual embajador de los Estados Unidos (2010-2011), Anthony Wayne, es la muestra irrefutable de que la droga no es más que el pretexto. La resistencia norteamericana a su legalización está a punto de agotarse por la fuga del dinero norteamericano para su adquisición en otras latitudes, y muy pronto se producirá y venderá con la marca “Made in USA” para el consumo interno y hasta para exportación (recordemos el costo de la deuda norteamericana con China).
La guerra preventiva norteamericana adquirirá nuevo vigor ante pueblos que estarán todavía más empobrecidos si se les priva de los ingresos por la exportación de estupefacientes. El futuro es incierto para el mundo, no para Estados Unidos, porque es claro que su dominio, con la colaboración de los traidores en los países sometidos, seguirá creciendo.
Por lo pronto, en México, la situación no podía ser peor. Calderón persiste en la obsesión militar obediente a la consigna del norte. Nuestra patria, con el PAN o con el PRI, va a la ruina.
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