El Hijo Desobediente
Cordero recargado
Por Juan Ramón Bustillos
> Gobernadores, secretarios y ex secretarios lo arropan durante su registro como precandidato
> La tarde-noche del jueves miembros del gabinete y gobernadores acudieron en masa a apoyarlo, dejando en claro que Ernesto, y no Josefina, es el candidato del Presidente
Como un puntapié en los testículos, de los muchos que ocurren en política y en el futbol, debió registrar Ernesto Cordero la defección de Carlos Orvañanos en favor de Josefina Vázquez Mota.
En el equipo del ex secretario de Hacienda consideran que el delegado en Cuajimalpa obedeció consignas de Roberto Gil y en consecuencia del ex jefe de éste, el Presidente Calderón.
El descontón perturbó a Cordero y a sus cercanos porque en su análisis llegaron a la conclusión de que con Orvañanos, ex secretario particular de dos jefes de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo Mouriño y Gerardo Ruiz Mateos, Calderón enviaba una señal inequívoca: el candidato de Los Pinos es Vázquez Mota.
El ex secretario del Trabajo, Javier Lozano, se lanzó al cuello de Orvañanos y relató las reuniones en las que pocos días antes de la traición juró amor eterno a Cordero, sin embargo, hay una fecha emblemática comparable, con sus asegunes, a lo ocurrido en la Última Cena.
Fue en una cena, el 4 de noviembre, en ocasión del tercer aniversario de la muerte de Juan Camilo Mouriño, después de la develación en Cuajimalpa del busto del ex secretario de Gobernación, que el delegado se comprometió hasta la estulticia con el ex secretario de Hacienda teniendo de testigos a los padres de Iván. “Mi Presidente”, exclamaba a la menor provocación.
La incertidumbre de Cordero y su gente no desapareció sino hasta la tarde-noche del jueves cuando miembros del gabinete y gobernadores acudieron en masa a apoyarlo dejando en claro, por otra parte, que Ernesto y no Josefina es el candidato del Presidente.
Dicho de otro modo, la defección de Orvañanos fue cooptación unilateral de Gil, comprometido con Josefina, y no consigna del Presidente Calderón.
La deserción de Orvañanos coronó un par de semanas infernales para Cordero. El desánimo se apoderó de su equipo al grado de que hubo quienes llegaron a proponer la retirada de la contienda, desesperados porque a pesar de las intensas campañas promocionales, rayanas por momentos en la ilegalidad, no se reflejan en las encuestas.
Los desanimados se toparon, sin embargo, con la obstinación del precandidato y las buenas noticias de sus “mariscales” por todo el país, es decir, los responsables de recabar firmas y comprometer votos para los comicios internos.
Conforme a los datos duros de sus colaboradores, la intención del voto interno en favor de Cordero ha crecido. El mejor porcentaje, 60, está en Aguascalientes, y el peor, 30, en el Estado de México.
Esta información choca con las encuestas de Vázquez Mota que la presentan como favorita de militantes y adherentes panistas, sin embargo, Cordero la ha revisado con la meticulosidad del actuario que es.
Pero más allá de los números, lo reconfortó el cobijo de los más conspicuos miembros del gabinete de Calderón y de los gobernadores panistas en su registro como precandidato.
Atrás quedó el desaliento del precandidato y de su equipo; no más dudas del apoyo de Calderón, por más que el ex secretario particular, ex subsecretario de Gobernación y ex candidato a líder nacional del PAN, Roberto Gil, y la ex Jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores, militen en la causa de Josefina.
Cordero y los suyos no aceptan que el Presidente esté jugando una doble partida, engañando con la verdad. Para decirlo de otro modo, que por órdenes suyas sus cercanos estén con Josefina mientras que, con su anuencia, los jóvenes ascendidos en la última remuda del gabinete, rodeen a quien los impulsó, Ernesto.
El descubrimiento de un probable doble juego desde la Presidencia sería demoledor para el panismo porque a pesar de señales como la defección de Orvañanos y la incorporación de Gil y Flores a la causa de Vázquez Mota, la militancia y priistas y perredistas están dispuestos a apostar que el candidato presidencial es Ernesto.
Vaya, hasta el ex secretario de Turismo y tío de Patricia Flores, Rodolfo Elizondo, comprometido con Josefina, sostiene que Calderón está obstinado en imponer a Cordero.
Imposiciones o juego democrático aparte, lo cierto es que la lucha se reduce a los ex secretarios de Desarrollo Social, Vázquez Mota y Cordero; sin embargo, el senador Santiago Creel podría inclinar la balanza si en el último momento declina y escoge candidato.
La pregunta es ¿hacia dónde se inclinaría?
Lo relevante es que el desánimo, exacerbado por la traición de Orvañanos, ha desaparecido del equipo de Cordero.