Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
Política

Encuestas dan un revés a quienes confiaban en que sufriría el primer descalabro relevante

‘Dislates’ no le causan mayor daño a Enrique Peña Nieto

Por Juan Ramón Bustillos

El ex gobernador del Estado de México mantiene la misma ventaja sobre sus competidores; posibles electores no se dejan impresionar con facilidad

Las encuestas trajeron malas noticias a quienes confiaban en que, por fin, Enrique Peña sufriría el primer descalabro relevante en su carrera a la Presidencia de la República.

Había razón para la esperanza; el ex gobernador mexiquense llegó distraído a la Feria Internacional del Libro y el “dislate” (son sus palabras) fue aprovechado para presentarlo como iletrado e incapaz de reaccionar en una situación de riesgo; luego vendrían un par de respuestas “desafortunadas”, como aquella de no soy “ama de casa”.

De la noche a la mañana, el precandidato único del PRI se convirtió en el blanco favorito de los tuiteros. Críticas, chistes e insultos menudearon, a placer, de sus adversarios, críticos y enemigos. ¿Qué decir de intelectuales, políticos y eruditos convertidos en periodistas, y de columnistas políticos alineados en uno y otro bando?

A Peña Nieto por fin se le había caído el blindaje y demostraba que tiene los pies de barro.

Y, así, todos nos sentamos a esperar los modernos oráculos de Delfos, los encuestadores, en especial el mayor de todos, Roy Campos.

En el transcurso de la semana, uno a uno vomitó sus números. Primero Ulises Beltrán y Paco Abundis, y luego Roy, de Mitofsky. Para desesperación de los competidores de Peña Nieto, de sus enemigos y críticos por consigna, los “dislates” no le causaron mayor daño. Tres puntos, dice Campos. Él mismo asegura que nada o casi nada.

Uno de los analistas más serios, Héctor Aguilar Camín, confesó su “sorpresa, y aun mi incredulidad, ante este hecho. Pensé que el escándalo FIL iba a costarle más a Peña; me sorprende su bajo impacto. Mi incredulidad tiene que ver con los costos de mediano plazo de aquel trance: no sé si el traspié de la FIL necesita más tiempo para mostrar todo su impacto en la opinión electoral”.

Explica Aguilar Camín que conforme a “los enterados… los traspiés de Enrique Peña Nieto en la FIL, y su secuela, llegaron al conocimiento de 70 por ciento de la población”.

“Es decir, que el error de Peña Nieto pasó de la prensa escrita a las redes sociales, y de las redes sociales a la radio y la televisión, en una tendencia irresistible que la volvió noticia global.

“Acaso porque se trató de un hecho único, que no fue seguido por otros, parecidos, el efecto sobre las preferencias electorales de Peña fue pequeño. No sólo no alteró, sino que refrendó, luego de una prueba de ácido, las considerables proporciones de su ventaja.

“A la vista de estos hechos se diría que las redes sociales no serán el factor decisivo, que muchos esperan, en la definición de las tendencias electorales de este año”.

¿Cómo explicar el fenómeno que sorprende a alguien como Aguilar Camín porque aún falta incorporar la medición de diciembre, que Peña Nieto dejó de estar en televisión en las proporciones de cuando gobernaba al Estado de México, que Televisa sufrió un apretón oficial y le ha puesto un poco de distancia en beneficio de los precandidatos panistas, y que, de paso, debió soportar la embestida del gobierno federal contra Humberto Moreira?

Peña Nieto parece estar hecho para los problemas. Debemos recordar que aún no rendía su primer informe mexiquense y había perdido los municipios más importantes de la entidad, y un nutrido grupo de diputaciones locales y federales. Además, por primera ocasión en la historia del PRI, el Estado de México se quedaba sin senadores. Tres años después, y en los sucesivos, recuperaba todo, pero además controlaba la Cámara federal de Diputados, se apoderaba del PRI y su estructura territorial, y ganaba la candidatura presidencial.

Cualquier asunto de estos es más relevante que los "dislates" editoriales y un par de respuestas periodísticas, pues cualquiera de ellas habría acabado, prematuramente, con su carrera política.

Sin embargo, no se debe menospreciar el riesgo que corrió, sin necesidad, el precandidato único priísta; en su descargo debemos registrar que dislates semejantes cometieron, en sucesión, Ernesto Cordero, que intentando aprovechar la oportunidad salió trasquilado, y Andrés Manuel López Obrador, que en costos del boleto del Metro se quedó seis años atrás.

Si la reacción en las llamadas redes sociales, micrófonos de radio y televisión, y en páginas de periódicos, contra Peña Nieto fue mayor, se debe a la máxima que dice que “del tamaño del sapo es la pedrada”.

Tremenda lección para todos los que andan en busca de un puesto de elección popular y quienes dan la cara día a día porque viven en la casa del jabonero, siempre en riesgo de resbalar.

Por lo pronto, los números de todas las encuestadoras dicen que Peña Nieto mantiene la misma ventaja sobre sus competidores; no obstante, habrá que esperar a que las candidaturas sean oficiales y empiecen formalmente las campañas. Desde luego, las distancias se reducirán, sin embargo, es evidente que Peña Nieto aprendió de la lección.

También queda claro, por lo menos hasta hoy, que los posibles electores no se dejan impresionar con facilidad.

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