Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
El Impacto de la Palabra

En un país pacifista como es México, no podía ser de otra manera

En defensa del Ejército Mexicano

Por Miguel Campos Ramos

Antaño respetado, en los últimos años ha sido severamente criticado y ha visto menoscabada su otrora buena reputación

El Ejército Mexicano, antaño respetado por sobre muchas otras instituciones, en los últimos años, debido a su participación en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, ha sido severamente criticado y ha visto menoscabada su otrora buena reputación.

Y es que, tradicionalmente, su labor era, ante todo, de apoyo a los mexicanos en casos de desastres naturales, o en tareas de resguardo, siempre desde sus cuarteles.

En un país pacifista como es México, no podía ser de otra manera.

Pero las cosas han cambiado y ahora se pueden ver los convoyes de militares recorriendo carreteras y calles de pueblos y ciudades, especialmente en aquellos estados donde la incidencia delictiva ha llegado a niveles peligroso, como son los casos de Chihuahua, Michoacán, Nuevo León, Tamaulipas, Guerrero, recientemente Veracruz y alguna otra entidad.

Cuesta trabajo aceptar que esto esté ocurriendo en un país, repito, de suyo pacifista. Da la impresión de que estamos en el Medio Oriente.

Cuesta trabajo, sobre todo, porque nuestro Ejército es emanado del pueblo. Es decir, nuestros soldados no son profesionales en el sentido en que lo son, digamos, los soldados del ejército norteamericano, con sus marines y a veces sus mercenarios, o el ejército ruso, etcétera.

La mayoría de sus integrantes es de origen humilde y, obviamente, se da de alta, en buena medida, debido a necesidades económicas.

Hace unos meses, un joven soldado poblano de apenas unos 20 años cayó muerto en un fuego desatado en alguna zona de Michoacán. Lo trajeron a esta ciudad de Puebla para velarlo y sus amigos no daban crédito a su muerte, y su humilde familia menos.

Algunas veces, por la ubicación del área donde habito, me ha tocado ver, casi a la medianoche, cómo vuelven los convoyes con los soldados para ingresar a la XXV Zona Militar, y al verlos, en los camiones de carga, abatidos (en el sentido de cansancio, no de muertos, como se dice eufemísticamente, ahora, en el léxico oficial para definir la muerte de los delincuentes) he tratado de comprender su labor, y hasta de aceptarla.

Más todavía tras haber leído la novela antibelicista “Sin novedad en el frente”, de Erich María Remarque, y recordar cómo es de cruel e infame la vida del soldado en el campo de batalla, sobre todo la vida del soldado joven, que a veces no sabe ni a qué va; simplemente lo mandan.

Sin embargo, es obvio que, como marcaban y marcan los cánones, el Ejército Mexicano debe de volver algún día a sus cuarteles, a estar listo para apoyar en tareas gloriosas, heroicas, e incluso en defender a la patria en un caso remoto de conflicto bélico internacional.

Ojalá que dicho regreso suceda pronto y quede en manos de agentes policiales capacitados ex profeso el enfrentamiento a la delincuencia organizada, pues atender este flagelo requiere de estrategias específicas que, como ya se ha dicho hasta el cansancio, no son propias de los militares.

Este deberá de ser un tema que los próximos candidatos presidenciales no deben eludir en sus campañas, para saber a qué atenernos a la hora de votar.

****

DISPARATARIO… ¿Qué es “ludibrio”?

En el idioma español hay muchas palabras que van perdiendo uso. Se recomienda, a fin de revitalizarlo, que las usemos, que las adoptemos. Una de ellas es “ludibrio”. Recuerdo haberla oído en una película de los años 50. Un personaje decía “qué ludibrio”. Se refería a una terrible vergüenza que habían pasado. Y es que la palabra significa “escarnio, burla, mofa, afrenta”.

Cuando alguien lo haga víctima del ridículo o de una afrenta (como les pasó a los aspirantes panistas a la jefatura del DF al ser impuesta, perdón, designada, la señora Isabel Miranda) exclame para apantallar: “Qué ludibrio”. Así, al menos lo dejará estupefacto, pues no sabrá qué está usted diciendo.

miguel@dicionesmagno.com

www.edicionesmagno.com

twitter: @miguelcamposram

blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx

Comentarios

Esta nota tiene los comentarios deshabilitados

Aún no hay comentarios en esta nota