Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
El Impacto de la Palabra

Hace unas semanas, durante una reunión con hombres de negocios

Analogías verbales de Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota

Por Miguel Campos Ramos

El primero erra entre una enfermedad y el problema del narcotráfico; en cuanto a la segunda, no es mi intención ser aguafiestas en sus aspiraciones

Hace unas semanas, durante una reunión con hombres de negocios, el Presidente Felipe Calderón hizo una analogía verbal entre una enfermedad y el problema del narcotráfico: Cuando una enfermedad todavía no se declara, se puede prevenir, pero cuando ya se declaró, hay que atacarla, sin más, con medicamentos.

Así razonó, más o menos, el primer mandatario. Por supuesto, es, justamente, lo que hace un médico.

El problema está en que cuando se hace una analogía a partir de un planteamiento equivocado, la conclusión también resulta equivocada.

En su caso, en materia de su lucha contra la violencia, es lo mismo que si, en una enfermedad ya declarada, el médico hace un diagnóstico erróneo y, en consecuencia, el tratamiento no es el adecuado.

En efecto, de acuerdo con criterios de analistas que conocen del asunto de la seguridad pública y la lucha contra el narcotráfico, su diagnóstico fue el equivocado, y por eso no ha funcionado.

Algo similar puede aplicarse a lo dicho por la precandidata del PAN a la candidatura presidencial, Josefina Vázquez Mota, cuando hizo su propia analogía luego de indicar que México está listo para que lo gobierne una mujer.

Su analogía fue que en Argentina ya sucedió, igual que en Chile y Brasil (le faltó decir Nicaragua, con Violeta Barrios Torres, mejor conocida como Violeta Chamorro, por el apellido de su esposo, Pedro Joaquín Chamorro, y en Costa Rica, con Laura Chinchilla Miranda).

El error de su analogía verbal radica en que ni Argentina ni Chile ni Brasil se parecen, sustancialmente, a México. Y, además, es de notar que en Chile no fue una mujer quien sucedió a Michelle Bachelet.

No es mi intención ser aguafiestas en las aspiraciones de la licenciada en Economía Josefina Vázquez Mota cuando afirma, contundente, que México está listo para que lo gobierne una mujer, pero hay que ser objetivos.

Hace algunos meses, en este mismo espacio, publiqué una reflexión que titulé “¿Presidenta de la República?”, recurriendo, igualmente, a una analogía verbal, sólo que la mía parece tener mayor sustento, pues está basada en el grado de educación que han tenido los países donde ha habido mujeres presidentas, precisamente Chile, Argentina, hoy Brasil, desde luego, Alemania (allá vale más la canciller Ángela Merkel que el presidente), por supuesto, Finlandia, y si nos vamos a los extremos de la evolución social, Islandia, donde su primera ministra es lesbiana declarada y gobierna excelentemente.

Y me atrevo a declarar que más allá de la educación, en esos países es donde más se leen libros por persona al año. Y, por tanto, la clave está en la lectura.

La abanderada panista, ex secretaria de Educación Pública, conoce bien de este asunto y sabe que en su gestión, y en todas las demás, poco se ha avanzado en la materia.

Por lo tanto, si a analogías verbales nos vamos, podría aventurarse que Josefina Vázquez Mota, lamentablemente, no será la primera presidenta de México.

Claro, sería deseable que lo fuera. Tal vez sea lo que necesita este pobre país, gobernado, en mayor porcentaje, por varones, pero batido en la corrupción y destrozado por la violencia.

Y es que, a diferencia de lo que ella dijo, quizá no esté listo para ser gobernado por una mujer, pero vaya que lo merece.

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DISPARATARIO… La humilde coma

Ya que de educación hablamos, qué pena por una frase publicitaria del Partido Nueva Alianza, pues, siendo el partido de los maestros (al menos eso dicen sus dirigentes), sus publicistas no conocen las reglas básicas para el uso de la coma. La frase dice (sic): “La educación, es el camino”, escrita en bardas con letras de casi dos metros, se ve espantosa. Por supuesto, no lleva coma, pues una regla de oro establece que “nunca se separa con coma el sujeto del predicado, a menos que aquél sea muy largo”. No es éste el caso. A quienes redactaron tal adefesio los invito a leer el capítulo dos de mi libro “El poder de la palabra” (Ed. Trillas), titulado “La humilde coma: una orden de Villa.” Además de aprender, se divertirán.

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