Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
Herles Velasco

Lo primero que nos viene a la mente es la obra y los nombres de aquellos personajes, los más famosos

El primer mural

Por Herles Velasco

Aunque no fueron los primeros, Rivera, Siqueiros y Orozco hicieron de la técnica y del concepto entero, tal como lo conocemos, uno que es reconocido en todo el mundo como arte icónico mexicano

Cuando hablamos de murales, lo primero que nos viene a la mente es la obra y los nombres de aquellos personajes, los más famosos, que inauguraron el movimiento muralista mexicano despuesito de la Revolución, es decir, Rivera, Siqueiros y Orozco, si bien estos artistas, que hicieron de la técnica y del concepto entero del muralismo, tal como lo conocemos, uno que es reconocido en todo el mundo como arte icónico mexicano, no fueron los primeros. Ya en alguna ocasión nos atrevimos a decir que aquel muralismo es una especie de renacimiento nacional a modo (con todas sus distancias) de aquel que floreció en la Italia del siglo XV. Y es que, en el arte prehispánico, el mural (claro, con un concepto totalmente diferente al del siglo XX) era característico de aquellas civilizaciones. Sin embargo, poco se sabía de este tipo de arte en el periodo de tiempo que va de la Conquista a la Revolución.

Hace apenas unas semanas se reconstruyó el que se considera el primer mural de la Nueva España; 50 mil fragmentos componen esta obra, descubierta, en el año 2002, en la fachada oeste del Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco.

No voy a aburrirlo con la historia de la Conquista, que usted seguramente conoce; sólo le diré, para dar un poco de contexto, que Hernán Cortés llegó, con su ejército, a México-Tenochtitlan a finales de 1519 y, después de algunas peripecias, cayó la capital mexica en 1522. Pues bien, la fecha de datación de los fragmentos del mural encontrados en Tlatelolco es de 1536. Prácticamente, las manos que lo pintaron fueron testigos de todos los hechos acaecidos en ese periodo de tiempo.

El mural mide 12 metros cuadrados y fue pintado dentro de una cisterna, la caja de agua, que se inauguró, como parte del Colegio de Santa Cruz, en los albores de aquel 1536 y que serviría a los recién llegados franciscanos para abastecer de agua al recinto desde el que evangelizarían a la región. Hay también el testimonio de que fueron los mismos indígenas los que destruyeron la obra alrededor de 100 años después, motivados por una bula papal, que obligaba a borrar toda huella de las pinturas indígenas. No obstante, los encargados de dicha labor se tomaron la molestia de acomodar los fragmentos de tal modo que estos no se dispersaran.

Hubo ya una apertura oficial, el pasado diciembre, por parte del rector de la UNAM, José Narro Robles, de la exposición de tan espectacular hallazgo, sin embargo, la entrada al público está programada para finales de este mes.

La exhibición contará, además, con otros objetos descubiertos en las mismas excavaciones, pero, sin duda, es el mural lo que acapara la atención. Se tiene previsto que las visitas sean muy breves y en grupos de no más de 15 personas, ya que según la directora de la zona arqueológica de Tlatelolco, la arqueóloga Lucía Sánchez de Bustamante, aumentar la temperatura de la cisterna en más de tres grados provocaría un daño importante a la obra.

Qué le parece; ¿va a ir a conocer el mural más antiguo del México novohispano?

herles@gmail.com

Comentarios

Esta nota tiene los comentarios deshabilitados

Aún no hay comentarios en esta nota