Número 3234   Domingo 19 de febrero de 2012
Herles Velasco

El pueblo Tarahumara, sin minimizar la situación de los demás, particularmente es vulnerable

El reflejo rarámuri

Por Herles Velasco

Parte de su vida diaria, discriminación, falta de oportunidades y recursos a cuentagotas

Ser miembro de alguna etnia en México es, ya, una situación difícil. La discriminación, la falta de oportunidades y los recursos que llegan a cuentagotas son parte de su vida diaria.

Uno de estos pueblos es el Tarahumara, y es, sin minimizar la situación de los demás, particularmente vulnerable. Sus asentamientos están en la parte más alta de la Sierra Madre Occidental, por lo que acceder a sus comunidades requiere, casi siempre, de una buena dosis de esfuerzo. Sin duda, los meses de invierno se vuelven intolerables.

Hace unos días, cierto medio de comunicación informó acerca de una serie de suicidios entre los rarámuris a consecuencia, dicen, del hambre y la desesperación de no poder alimentar a sus familias. Es un hecho que se perdieron prácticamente todas las cosechas de frijol y maíz, que en muchos casos son sólo para el consumo de la comunidad. Inmediatamente, las redes sociales reaccionaron y hubo algunas llamadas a la sociedad para aminorar la situación a través de colectas y la instalación de centros de acopio. Curiosamente, el asunto de los suicidios se ha puesto en entredicho y ya algunos medios niegan que éstos se hayan dado; claro, el ruido en las redes sociales va por ese tenor.

Independientemente del asunto de los suicidios, que si se confirma, oficialmente, el número y las causas, pasarían a ser un acontecimiento inusitado, la deuda histórica con las comunidades indígenas ahí está. Y es que resulta increíble que año tras año, apenas llega el invierno, vemos en los medios imágenes y crónicas de la supuesta ayuda que recibe la comunidad tarahumara, y no es que estemos proponiendo que dejen de darles esas minúsculas despensas o que les cancelen la entrega de mantas que quizá ayuden para protegerse de los insectos en verano, pero no es posible que pasen los años e invierno tras invierno vengan los reportes de las cifras de muertos por hipotermia o por intoxicación, y que lo único que se pueda hacer sea echarle grava al bache para que aguante el temporal.

Que quede claro el reconocimiento a los esfuerzos que organizaciones ciudadanas, la Cruz Roja o algunas instituciones del Estado, como Protección Civil o Sedesol, hacen, pero reconozcamos, también, que la ayuda es siempre insuficiente y temporal, y si a las ONGs hay que aplaudirles, incluso, si son capaces de hacer un viaje para entregar ayuda, no se puede decir lo mismo del esfuerzo del Estado, con perdón de los spots institucionales, que gustan de repetir que es responsabilidad de todos, pero si ellos no tienen los recursos, el poder y la obligación de mejorar de manera permanente la situación de los rarámuri, entonces, quién. Se estima que la población total de la sierra tarahumara ronda los 120 mil habitantes, lo que iguala, en número, a ciudades como Orizaba, El Mante o Cuautitlán. Las condiciones particulares, como ya dijimos, vuelven a esta comunidad una de las más sensibles; debería ser hora, ya, de proponer una solución duradera. Las soluciones que se le dan año con año a los mexicanos que habitan aquella región es un reflejo de cómo se toman decisiones, en otras tantas áreas, a la viva México, al a’i se va.

herles@gmail.com

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