Siguen los intentos por coartar la libertad en el ciberespacio
Después de la SOPA
Por Herles Velasco
No se ha tirado al drenaje, pero ha dado un respiro para mejorar la estrategia para hacerle frente
Siguen los intentos por coartar la libertad en el ciberespacio. La ley SOPA (Stop Online Piracy Act) es una de tantas que, tras el argumento de defender los derechos de autor en la red, pretende hacer legal el que los gobiernos se metan hasta la cocina de su computadora personal.
La ley SOPA encontró no pocos detractores, pero, irónicamente, las grandes empresas que mueven los hilos en el mundo virtual (léase Facebook, Google, Twitter, Yahoo y el que se le ocurra) apenas hicieron un tibio pronunciamiento en contra de una ley que podría causarles grandes problemas, ya que si un usuario común, como usted o como yo, pusiera en su muro del Facebook una liga que lleve al video de una canción (no estamos hablando de lucrar con él), Facebook completo podría dejar de existir. Tan estricta era la propuesta del senador norteamericano, creador de la ley, Lamar Smith.
Quizá usted no sea usuario frecuente de las redes sociales o puede pensar que una ley gringa no tiene por qué afectarle, pero no es tan simple. Y es que aunque los derechos de autor se registran en un país determinado, éstos son universales y, por ello, cualquier sitio y/o usuario viola potencialmente más de una ley compartiendo información de terceros, y no sólo se trata de música o películas. Está el caso reciente de una amenaza de cárcel al creador de la página web, y promotora del idioma, elcastellano.org, por parte de la mismísima RAE, por poner una liga para ir a la página de la academia desde dicho portal. Es decir, que compartir sin permiso cualquier cosa, aún sin fines de lucro y dándole todo el crédito y beneficio a la fuente, puede acarrearnos no pocos problemas.
La pelea contra la ley SOPA estuvo prácticamente a cargo de los usuarios de Internet; como ya dijimos, las empresas más afectadas si bien expresaban su preocupación, no hicieron una verdadera campaña en contra. El único grande que se sumó a una iniciativa de “apagón” fue Wikipedia, que, sin duda, era uno de los grandes afectados; también el presidente norteamericano se pronunció públicamente contra la iniciativa, lo que le trajo la antipatía y las amenazas de la industria del entretenimiento, sobre todo de Hollywood.
La semana pasada, y gracias a las presiones internacionales, la ley SOPA acabó en el congelador; no se ha tirado al drenaje, pero ha dado un respiro para mejorar la estrategia para hacerle frente. Esperemos contando, ya, con la decidida participación de los afectados. Efectivamente, no llegó la SOPA, pero sí el aperitivo: el cierre de unos de los sitios más socorridos para el respaldo y la difusión de archivos de todo tipo, el famoso Megaupload, y, con éste, el proceso en contra de sus creadores por delitos distintos al de la piratería, lo que a un servidor le recuerda el caso de Julian Assange, fundador de WikiLeaks. En España, el periódico El Mundo se atrevió a publicar en su diario en línea que (parafraseo) “después del cierre a Megaupload (desde donde se descargaban películas), las salas de cine están a reventar”.
Una vez más insistimos en que no está en duda el legítimo derecho de los autores a proteger su obra, pero lo que pasa con este tipo de leyes, que han salido a la luz en los últimos años, es que para defender un derecho buscan violar otros tantos que no se justifican en lo absoluto. Librados por el momento de la SOPA, a ver si no, en un descuido, acabamos comiendo la sopa, plato fuerte y postre.
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