Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
Sociedad

Tras una antigua ristra de acusaciones por plagio de textos, Gabriel Zaid y Guillermo Sheridan

Que Alatriste saluda con sombrero ajeno

Por Roberto Cruz

Sealtiel renuncia al Premio Xavier Villaurrutia y al cargo de director de Difusión Cultural de la UNAM

>Admite su “descuido” y se defiende: “La falta se limita a no haber entrecomillado o citado la fuente”

No es lo mismo el plagio que dice Cuauhtémoc Cárdenas cometió Josefina Vázquez Mota de la frase o lema “Un México para todos” que la acusación contra Sealtiel Alatriste de párrafos exactos y completos de otros autores para incluirlos en sus obras. “En mis artículos”, aclara.

Ni tampoco el plagio de Luis Videgaray, coordinador de la campaña de Enrique Peña Nieto, quien fusiló a Ernesto Cordero la acusación contra Josefina Vázquez Mota de “dejar mucho que desear” por acudir sólo a un 6 por ciento de las votaciones en la Cámara Baja cuando se desempeñó como diputada federal.

Estos ejemplos son de política y en la política la imaginación a veces escasea.

Mucho menos la acusación que pesa sobre Alatriste se compara con el trabajo sucio -¿pero justificado?-, del capitán Simonini, personaje de Umberto Eco en su novela “El Cementerio de Praga” que desde un principio advierte al lector: “Me da vergüenza ponerme a escribir, como si desnudara mi alma”.

Simonini es un piamontés “que desde joven se dedica al noble oficio de crear documentos falsos”, dice una de las reseñas sobre la obra de Eco y que espero con el alma no estar plagiando sino citando.

“Muy pronto, el joven demuestra sus habilidades para el engaño y se convierte en espía”.

Tampoco puede parecerse al homenaje que Samuel Noyola hizo al poema de Francisco de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte” al titular su primer libro “Nadar sabe mi llama” (“Mas no de esotra parte en la ribera / Dejará la memoria, en donde ardía: / Nadar sabe mi llama el agua fría, / Y perder el respeto a ley severa”). Para Noyola fue más que un epígrafe fue el cordón umbilical de un excelente poemario (1986).

No, en medio de un titipuchal de escritores mexicanos premiados en los últimos días a Sealtiel Alatriste le tocó bailar con la más fea.

Sergio Pitol, por ejemplo, recibió en La Habana el Premio Internacional Dulce María Loynaz entregado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Cristina Pacheco fue galardonada con el “Rosario Castellanos” a la Trayectoria Cultural de la Mujer.

Jorge Volpi ganó el Premio Planeta-Casa de América por su obra “La Tejedora de Sombras”.

Con su obra “Acapulco Golden”, Jeremías Marquines Castillo gana el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2012.

David Martín del Campo obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura 2012 por su novela "Las siete heridas del mar".

La andanada de críticas contra Sealtiel Alatriste fue desatada por sendos artículos en el espacio de Letras Libres de Gabriel Zaid y Guillermo Sheridan.

Una muestra es un obituario de Camilo José Cela: “Sus escritos tienen esa savia y riqueza de carácter de alguien acostumbrado a lidiar los marrajos que la vida echa al ruedo”, escrito por Javier Villán para El Mundo, pero reproducido cinco años después, idéntico, y firmado como propio por Sealtiel Alatriste, sin algún sonrojo.

De acuerdo con las acusaciones, en el periódico Reforma se publicaron unos ocho artículos que incluían párrafos plagiados, algunos hasta de Wikipedia, pero sin mencionar su procedencia.

Zaid fue con Alatriste sumamente duro con el elegante peso de sus palabras en su artículo “Justicia Literaria”:

“Nada glorioso, en cambio, es tomar un texto ajeno y firmarlo como propio. Es una confesión de impotencia. No hay mayor desgracia que el desdén de las musas, y se comprende que los desgraciados traten de consolarse con un maniquí al que le ponen lo que les gusta. Pero la desgracia empeora con el robo, que debe ser castigado legalmente o cuando menos exhibido”.

Pero así ha sido Zaid desde sus remotos libros, aquellos que abrieron el sentido y las venas literarias a tantos poetas setenteros y ochenteros como Ómnibus de Poesía Mexicana (Siglo XXI Editores, 1971), Leer Poesía (Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1972), Cómo Leer en Bicicleta (Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1975) y Asamblea de Poetas Jóvenes de México (Siglo XXI, 1980), entre muchos otros.

“Hay plagios involuntarios, cuando la lectura capta elementos atractivos que ni siquiera puede precisar en qué consisten, aunque después los use, recreándolos. No se puede llamar plagio a la influencia. La reinvención de la prosa que pasa de Julio Torri a Alfonso Reyes, de Reyes a Borges, Arreola y Monterroso, de Borges a Cortázar, es una creación personal en cada caso. Hay imitaciones legítimas, transparentes y hasta declaradas, como el famoso soneto de Fray Luis de León (“Ahora con la aurora se levanta”) que corre bajo el título de “Imitación del Bembo”. Hay hasta coincidencias asombrosas que no son plagios”, continúa.

A partir de ahí la presión para Alatriste aumentó como la espuma. Pero el cuestionamiento tocó un punto sensible. Sealtiel era el coordinador de Difusión Cultural de la UNAM.

Entonces no tuvo de otra que renunciar al cargo mediante una carta enviada al rector José Narro.

Lo mismo hizo con el Premio Xavier Villaurrutia obtenido en días pasados al lado de Felipe Garrido con la obra “Ensayo Sobre la Ilusión” y “Geografía de la Ilusión”.

Y tuvo que entrarle al toro:

“En días recientes se me ha atacado en diferentes medios impresos y electrónicos porque utilicé párrafos de diversas fuentes en unos artículos que escribí hace años, y que representan una parte ínfima de los que he escrito”, dijo.

“No voy a negar que la falta que se me atribuye sea cierta. Niego sin embargo que éstos, mis artículos, sean producto de un plagio, lo sustancial de ellos parte de ideas y recuerdos propios, con un estilo personal que se puede rastrear en toda mi obra, y si en los casos señalados refieren algo ya escrito, investigado o conocido, no constituyen la médula de mi argumentación, y el propio sistema universal del derecho de autor lo admite como una conducta lícita, apuntando que la falta se limita a no haber entrecomillado o citado la fuente, sobre todo si ésta se realiza fuera del campo educativo o de la investigación científica”.

Sin embargo, añadió, “no pretendo justificar, ni disculpo lo hecho, al contrario, me disculpo con quien pudiera sentirse ofendido con ello, pero sí creo necesario acotar mi error, pues no medré con esos párrafos, ni me adjudiqué el mérito de algún descubrimiento excepcional, ni los presenté en ninguna instancia académica, y nada tienen que ver con ningún libro que me hubiese hecho merecedor a cualquier premio”.

En medio de la tormenta, en Internet le llueve sobre mojado como constan las denuncias acumuladas del escritor Teófilo Huerta Moreno en uno de varios blogs.

Específicamente en el llamado ‘Sealtiel Alatriste, cazador de letras’ (sealtielalatristecazador.blogspot.com), se hace una cronología de los hechos.

Dicen que con el tiempo todo se olvida, pero para Sealtiel Alatriste el tiempo será eterno.

Tal vez merezca la ocasión para el escritor mexicano no sólo una carta sino un buen artículo, extenso, sin plagios, claro, enmendar sus errores, sus faltas.

Nada hay como la humildad.

rcruz@impacto.com.mx

sextopatio@gmail.com

Twitter: @RobertoCZga

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