La separación PRI-Panal no afecta amistad entre Gordillo y Peña Nieto
Cosas de familia
Por Juan Bustillos
Se ha dicho, y con razón, que a la maestra se le pasó la mano en las exigencias, al tricolor, para mantener la alianza, aunque versiones sobran
El rompimiento entre el PRI y el Panal sigue siendo un misterio, porque los divorciados insisten en su versión de la separación amistosa y en la discutible explicación de que yendo cada cual por su lado beneficia a uno de los ex cónyuges, el partido de la maestra Elba Esther Gordillo, apreciación, a todas luces, inexacta.
Nadie ofrece una razón convincente. Enrique Peña Nieto insiste en el adiós sin traumatismos y Elba Esther lo secunda, pero echa la culpa a la familia. No a su hija ni a su yerno, que ya no serán candidatos a senadores de la poderosa alianza, sino a la priísta, los viejos, estancados en el pasado, y los nuevos, que no alcanzan a comprender los tiempos en que viven. Desde luego, no los identifica con nombres y apellidos, pero ¿qué falta?
La separación es un hecho y la amistad sigue indisoluble entre Elba y Enrique; al menos lo dicen los dos. El rompimiento es entre los partidos.
VIEJAS HISTORIAS
Sobran versiones para explicar el adiós; desde la imaginada por los más febriles analistas hasta la inducida por los aliados o enemigos de la profesora y del precandidato único del PRI.
Maniatados por el hermetismo del pliego de separación, debemos suponer que se impuso la vieja guardia priísta a que alude Elba, representada, imagino, por sus más conspicuas figuras, Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes y Emilio Chuayffet, todos ellos con razones sobradas para no soportarla, bien correspondidos por ella, está por demás decirlo.
Hay temas difíciles de tratar porque, se diga lo que se diga, el reportero termina siendo sospechoso de militancia.
Durante años mantuve una relación entrañable con Elba Esther. Muy de cerca la vi luchar al lado de Carlos Jonguitud Barrios y ser traicionada, luego, por éste en su intento institucional por alcanzar la secretaría general del SNTE, que le correspondía por méritos más que sobrados.
También fui testigo de su asalto al liderazgo por una decisión de Estado operada por Manuel Camacho, pero también por Manlio Fabio Beltrones.
La relación se disolvió con el tiempo y se rompió, en definitiva, al ganar ella a Beltrones la coordinación de la bancada priísta en la primera Legislatura de Vicente Fox. Me consideraba y me considera aliado de Manlio, mi “compadre” (así se refiere él a aquellos con quienes se siente hermanado) de décadas y batallas en común.
Con Beatriz apenas he medio recompuesto la relación y Emilio no puede olvidar que un reportero escribió sin razón alguna en Ovaciones, que estaba bajo mi dirección, sobre “la vuelta de los asesinos de Acteal” en ocasión de su regreso, a las lides partidistas, del brazo de Roberto Madrazo. Y eso que en las semanas previas a su salida de Gobernación era el único periodista con acceso a su oficina.
Así que lo aconsejable sería mejor escribir sobre Ernesto Cordero, que a estas alturas debe sospechar alianzas inexistentes con Josefina Vázquez Mota o Santiago Creel, y olvidar a Elba Esther y los problemas familiares de los políticos del Panal y del PRI.
Pero ¿para quién publicamos los periodistas? ¿Para leernos entre nosotros? ¿Para agradar al poder? ¿O para quien pierde su tiempo leyéndonos?
AMORES Y DESAMORES
Quizás los desafectos más antiguos de Elba sean con Beatriz; datan de cuando coincidieron en la Cámara de Diputados y, luego, con Javier García Paniagua en el PRI. Sus carreras son paralelas y exitosas. La diferencia estriba en que Elba posee fuerza propia, debido a su férreo control del SNTE y hasta su partido político familiar, factores que la convierten en un personaje, temible, que mantiene aterrorizados a los personajes más prominentes, incluidos gobernadores y presidentes de la República, en especial los dos de la era del PAN, que en pago a reales o supuestos servicios le correspondieron hasta con lo no pedido.
Paredes, para decirlo en pocas líneas, tiene en su haber lo que la maestra anhela: prestigio, respeto y una carrera política incomparable.
Chuayfett la despojó de la coordinación de la bancada priísta en la Cámara de Diputados con la complacencia de Roberto Madrazo y la ayuda de Manlio.
La verdadera rivalidad de Elba es con el senador Beltrones; la historia es larga, pero en los últimos tiempos se han enfrentado por la coordinación de diputados, el liderazgo de la CNOP y la renovada participación magisterial con el PRI después del encontronazo con Madrazo.
Hubo tiempo, antes de las elecciones del 2009, que Manlio pensó en la posibilidad de permitir el regreso de quienes habían defeccionado del PRI, como la maestra Gordillo, pero, de ocurrir, debería ser después de la lucha por el control de la Cámara de Diputados. El repunte priísta era previsible y la profesora podría aprovechar la ocasión para cobrar de más, así que el asunto fue olvidado.
EL ESPECIAL CONCEPTO DE LA AMISTAD
Pero Elba encontró la manera de regresar de la mano de Humberto Moreira. Contra lo que se suponga, las pláticas preliminares de la alianza de los dos partidos no fueron tersas.
Se disputaba por lo que fuera. En una ocasión hasta Ricardo Henaine fue tema de debate; el presidente del Puebla sufre las consecuencias del desafecto del gobernador poblano, Rafael Moreno Valle, protegido de la profesora. Manlio puso punto final a la discusión puntualizando que el asunto era cuestión de familia, por la relación de su hija con la de Henaine.
Se ha dicho, y con razón, que a Gordillo se le pasó la mano en las exigencias al PRI para proseguir con la alianza; en efecto, pidió de más, y le dieron, pero, por alguna razón, creyó que podría meterse en terrenos vedados: intentó palomear y, sobre todo, tachar nombres. Y ahí si se metió en asuntos familiares.
Manlio quizás ni lo sabe, pero la instrucción del precandidato presidencial fue en el sentido que desde luego no, que no era para tanto.
Y así fue como el PRI y el Panal resolvieron ir cada cual por su lado, mientras el Partido Verde mantuvo sus posiciones, una de ellas emblemática, la candidatura a senador, por el DF, del diputado Pablo Escudero, yerno, por cierto, del senador Beltrones.
Hace tiempo, en medio del fragor por la candidatura presidencial, Manlio definió a Peña Nieto: “¡No saben lo frío que puede ser!”. La noche del anuncio del rompimiento de la alianza, uno de los cúpulos priístas fue más gráfico: “¡Es cabrón, muy cabrón!”.
En realidad tiene un incomparable concepto de la amistad. Ya deberían saberlo.