Manlio Fabio Beltrones vuelve a sacudir al Gobierno federal
El retorno del gladiador del PRI
Por Juan Bustillos
Ante la pasividad y el silencio de las grandes figuras del priísmo, dejando solo a Peña Nieto ante los repetidos ataques del panismo, el senador pide al Presidente Felipe Calderón ‘tener un poco de pudor’
Cuando aún gobernaba Coahuila, Humberto Moreira gustaba hablar, medio en broma y en serio, de la necesidad de aprobar una ley prohibitoria al senador Manlio Fabio Beltrones para abandonar el territorio nacional porque, preguntaba, “¿quién nos defendería del Presidente Calderón?”.
A Moreira no le faltaba razón. Por aquel entonces, la voz del coordinador de los senadores priístas era la única en escucharse, como respuesta a las constantes agresiones del gobierno federal a los gobernadores en particular, pero en general a todo lo que oliese a PRI. Beatriz Paredes solía guardar silencio, y cuando hablaba lo hacía un mes después de los acontecimientos.
Aún a raíz del llamado “moreirazo” (la falsificación de documentación para contratar deuda pública del gobierno de Coahuila), Manlio dijo a los reporteros que en sus visitas a la entidad había constatado su transformación bajo el gobierno exitoso de Humberto.
LA PESADILLA
Beltrones era una constante pesadilla para el gobierno de Calderón. Le remendaba las iniciativas de ley, criticaba la política presidencial de integrar un gabinete de “cuates y cuotas” (éstas últimas las concedidas a la profesora Elba Esther Gordillo) y hacía sorna de la inexistencia de secretario de Gobernación, en referencia al bajísimo perfil de Francisco Blake, y declaraba no conocer méritos a Ernesto Cordero para ocupar la Secretaría de Gobernación.
Una y otra vez insistía en el gobierno sin resultados; "es el que más dinero ha tenido y el del más bajo crecimiento en la economía". Y ni hablar cuando se refería a los casi 50 mil muertos en la guerra contra el crimen organizado.
Pero Calderón no se podía quejar demasiado del senador Beltrones. Con Emilio Gamboa fue factor definitivo para que pudiese tomar posesión. Manlio niega negociación alguna y acude a la institucionalidad proverbial del PRI para explicar la construcción del quorum que permitió a Felipe protestar en una ceremonia atropellada.
Luego, Manlio y Emilio evitarían la caída de Juan Camilo Mouriño cuando Andrés Manuel López Obrador retomó la información (supuestamente filtrada por César Nava) que probaba el presunto tráfico de influencia del delfín de Calderón en Pemex en favor de los negocios de su familia.
SILENCIO SABÁTICO
Los severos y constantes cuestionamientos de Beltrones, causante de irritación en Los Pinos, fueron desapareciendo conforme se acercaba la resolución priísta sobre la candidatura presidencial. Enfocó en las reformas Política y Fiscal todo su esfuerzo a probar lo bien sabido, su condición de hombre de Estado, pero al final decidió no participar en la contienda interna. Luego se impuso una especie de silencio sabático, en respeto a lugar del precandidato.
Lo mantuvo hasta la indefensión evidente del candidato virtual o precandidato único a la Presidencia de la República (¿qué título dar a Enrique Peña Nieto sin caer en las garras inquisitoriales del IFE?), que, sin escudo alguno, tuvo que enfrentar las agresiones de todo tipo, orquestas desde el seno del gobierno federal.
En realidad, Peña Nieto sí goza de una defensa, como la heroica de los buenos tiempos de los Acereros de Pittsburgh, que no deja pasar a nadie... de los priístas.
En cuanto a las agresiones al precandidato único, la defensa se hacia la disimulada. Por ahí (y en Twitter) sólo se llegó a leer el plagio de Luis Videgaray al "genial" argumento de Ernesto Cordero contra Josefina Vázquez Mota en el sentido de su proclividad a no presentarse en las votaciones de la Cámara de Diputados.
Quizás el primer intento de defensa serio ocurrió el domingo 12, y fue el esbozado por el gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, que amenazó con la respuesta de la ola roja mexiquense si le seguían picando la cresta al precandidato, y hasta advirtió de la disposición, por lo menos en el discurso, a dar la vida por su proyecto.
EL MILAGRO
Pero antes, y después de eso, nada, y nadie más.
En ocasión de ese discurso del gobernador mexiquense, en IMPACTO, El Diario escribí que “hasta ayer, Enrique había escuchado solamente los acartonados discursos de los dirigentes nacionales y de quienes encabezan las estructuras estatales de su partido, así como el silencio de las grandes figuras del priísmo”.
De hecho, sin el apoyo de los figurones del PRI que cómodamente mantienen la boca cerrada, el precandidato único presidencial ha enfrentado las embestidas sistemáticas del gobierno federal y del PAN. Pareciera que las grandes figuras del priísmo están en paciente espera de la petición de ayuda para negociar.
“No es una situación cómoda la que vive Enrique, acosado por las culpas reales o supuestas de correligionarios priístas que difunde el gobierno federal con sendas filtraciones, pero la empeora la escasa solidaridad que muestran algunos de quienes ya debiera haber abierto la boca por mera cortesía.
“Por eso debió valorar más el encendido discurso del gobernador Ávila”.
Y, de pronto, ocurrió el milagro; ese mismo día, Pedro Joaquín Coldwell se armó de valor y desnudó la sospechosa pretensión del gobierno federal de cambiar al fiscal especializado en Delitos Electorales, José Luis Vargas. Esa tarde, el ex gobernador de Hidalgo en funciones de secretario de Organización del PRI, Miguel Osorio Chong, insistió en el tema en cuanto espacio radiofónico encontró.
Al día siguiente, el líder nacional priísta denunciaba que Vargas salió de la FEPADE por atreverse a proponer a los partidos políticos la exclusión del tema del narcotráfico en el proceso electoral y oponerse a la nulidad de la elección a gobernador de Michoacán con el sobado argumento de la intromisión del crimen organizado utilizado en plena campaña por el Presidente Calderón y por su hermana, Luisa María, sólo hasta que comprobó que la votación le era adversa.
Para entonces, el precandidato debía contaminar sus propuestas repitiendo lo que otros debían hacer: Que si el PRI no es responsable de lo que sus militantes hagan o dejen de hacer, y que, en todo caso, es suya la obligación de defenderse, en respuesta a las preguntas que se encuentra por aquí y allá sobre los tres ex gobernadores tamaulipecos cuyos movimientos dentro y fuera del país son vigilados por instrucciones del subprocurador de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, Cuitláhuac Salinas, etcétera.
Pero las voces de Joaquín Coldwell, de Osorio Chong y de la secretaria general del PRI, Cristina Díaz, así como el silencio del coordinador de la campaña, Luis Videgaray, y del coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados, Francisco Rojas, no hacían mella en la campaña contra los priístas en la que intervenía, ya, hasta el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré.
Fue hasta el mismo lunes que Beltrones decidió salir al quite y, con una sola declaración, puso en alerta a Los Pinos. Demandó al Presidente Calderón “un poco de pudor”, en franca alusión al cambio en la FEPADE; al día siguiente mencionó su esperanza de que no hubiese sido un cambio “irresponsable”.
Ahora ya saben el gobierno y el PAN que en la veda impuesta por el IFE por la “intercampaña” no sólo encontrarán respuesta a la guerra sucia, sino que, además, el PRI pasó de la parálisis a la ofensiva.
Si no, ¿de qué otra manera se debe leer el informe de la Auditoría Superior de la Federación sobre la corrupción y opacidad en la cuenta pública del 2010, en especial a lo que se refiere al Programa Pro Campo, la gestión de Juan Molinar Horcasitas en el IMSS y, en especial, muy en especial, la construcción de la “Estela de Luz”, el monumento memorable del sexenio?
¿Y el aprovechamiento inmediato de Pedro Joaquín Coldwell para calificar al gobierno de caro, corrupto e ineficiente como por años repitió Manlio?