Aunque ventaja no debe confiar al ex procurador capitalino
Barrales no logró reventar a Mancera
Por Hugo Páez
Guerra electoral a través de las confusas herramientas de las reformas del 2007 puede meterlo en camisa de once varas
Todavía en diciembre, Miguel Ángel Mancera tenía serias dudas de su capacidad competitiva para buscar la jefatura de Gobierno del DF. En pocas semanas se dieron las condiciones y se montó por encima de Alejandra Barrales, no sin berrinche de por medio de la coordinadora parlamentaria de los asambleístas del PRD.
Seguramente Mancera tiene marcado en su calendario de decisiones el día en que Mario Delgado, el secretario de Educación y presunto “delfín” de Marcelo Ebrard Casaubón, declinó a sus aspiraciones. Un mundo de propaganda no pudo crecerlo y, a partir de la fecha, Mancera se erigió como el plan "B" que concretaría la continuidad del proyecto de Ebrard.
Las encuestas cambiaron, Alejandra Barrales bajó al segundo lugar en preferencias electorales y el ex procurador se montó para no regresar, hasta el jueves, que fue declarado vencedor en los cinco rubros de las encuestas.
Barrales fue la gran ausente, la mal perdedora que regateó a Mancera la foto de unidad de las izquierdas. Ni siquiera Gerardo Fernández Noroña, Joel Ortega o Martí Batres rechazaron el reconocimiento.
"Ciudadano", como se dice Isabel Miranda de Wallace, Mancera llega a la contienda 13 puntos arriba de la precandidata panista y de Beatriz Paredes Rangel, del PRI.
El careo de la última encuesta hundió la tesis de Barrales. De haber ganado ella, la contienda entre las tres mujeres sería a muerte, totalmente cerrada, y con posibilidades de que la capital de la República, después de 18 años, pasara a otro partido.
La ventaja no debe confiar a Mancera. La guerra electoral a través de las confusas herramientas de las reformas del 2007 puede meterlo en camisa de once varas.
En diciembre pasado lo entrevisté, como a otros aspirantes, antes de dejar sus cargos; algunos de ellos fueron Mariana Gómez del Campo, Carlos Navarrete, Alejandra Barrales y Gerardo Fernández Noroña, como a los precandidatos presidenciales del PAN.
Ninguno provocó "molestias"; solamente la entrevista de Miguel Mancera mereció una demanda en el Instituto Electoral del DF. El martes 13 de diciembre se publicó la entrevista en IMPACTO, El Diario, Televisión, y, el fin de semana posterior, en la Revista IMPACTO.
El entonces procurador capitalino habla de su trayectoria y el camino que forjó para, en caso de darse las condiciones, buscar la jefatura de Gobierno del DF. La conclusión y el título del artículo era: “Confío en mis resultados: Mancera”.
Resulta que el “atrevimiento” del procurador molestó a Edwin Enrique Ramírez Lemus, Pedro Velásquez Sandoval y José Roberto Martínez Sánchez, quienes interpusieron una queja ante el IFE.
La tercera semana de enero llegó una notificación, a mi nombre, a las oficinas de IMPACTO. Me solicitan colaboración, dentro de un plazo de tres días hábiles, para informar sobre la citada nota y me preguntan si es o no de mi autoría, a pesar de que en el sitio oficial de esta casa editorial aparece mi nombre en la nota y, a un lado, el video íntegro de la entrevista.
También me solicitan que diga si la misma corresponde, en su integridad, a una entrevista con el denunciado o incluye apreciaciones personales, en especial, en lo tocante a la manifestación del presunto infractor de su interés por contender a un cargo de elección popular, remitiendo, en su caso, las constancias atinentes.
Basta ver la grabación en video y la nota para saber lo que se solicita, pero, bueno, imagino que el procedimiento del IEDF así lo marca.
Hasta aquí la solicitud de apoyo y colaboración que me pide el Instituto para resolver la solicitud de tres ciudadanos basados en un montón de artículos, empezando con el 14, 16 y 116, en un sinnúmero de fracciones e incisos, del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales del DF, del reglamento de Procedimientos Administrativos Sancionadores.
El gran pecado de Miguel Ángel Mancera es si manifestó su interés por contender a un cargo de elección popular. ¡Hágame usted el grandísimo favor...!
Estoy de acuerdo en que los institutos electorales de los estados y el DF se basan en legislaciones que originalmente fueron modificadas en el Congreso de la Unión y posteriormente se propagaron a las entidades de la República.
La peor parte se la lleva el ciudadano elector. La atmósfera provocada por el Congreso en el 2007 impide que se difunda información que puede ser catalogada como guerra sucia o que particulares y organizaciones contraten tiempo en medios electrónicos para decir lo que piensan de sus candidatos.
Insisto en que es un enfoque paternalista que considera idiotas a los ciudadanos comunes, que no sabemos tomar decisiones en la mar de información.
Los precandidatos llegan a un terreno minado. Las imprecisiones en la ley seguirán creando terror mientras no se arreglen las malhechuras de los legisladores; nadie puede hacerlo, solo ellos, o un acuerdo formal de los consejeros y tribunales electorales que dé certeza a la libertad de expresión de los candidatos, medios de comunicación y ciudadanos. Si pudieron joder la ley, la pueden arreglar.
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