Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
Volver a empezar

Una clara dependencia

Con dinero baila el perro

Por Francisco Galindo Ochoa

Es un gusto tan generalizado que el dinero mueve al mundo. Es un mayor energético que todos los minerales y todos los hidrocarburos del planeta

Es muy bien sabido que a casi todos los humanos les gusta el dinero. Salvo algunos de espíritu franciscano que lo ven con asco, como si hubieran hecho voto de pobreza, a la más inmensa mayoría les produce atracción y agrado.

Es cierto que a algunos les gusta su dinero propio y a otros les encanta el ajeno, pero a todos les gusta el oro y la plata.

A los que les gusta su propio dinero se convierten en trabajadores, en luchones, si se quiere hasta en ambiciosos y, algunos, hasta en tacaños los muy cabrones. Pero, con eso, no dañan a nadie.

Cuando mucho se chingan ellos solos porque le dan en la madre a su salud, con su esfuerzo incontrolado o porque le dan en la madre a su vida, con su avaricia permanente. Pero a los demás, nos importa un bledo que pasen enfermedad por su pendejez o que pasen hambre por su gusto.

Pero los que sí chingan de un hilo son aquellos jijos-del-mais a los que les encanta el dinero de los demás. Éstos son los que se convierten en rateros de posición aristocrática o en delincuentes de cártel mafioso. Para el caso, son lo mismo. No hay diferencia entre el que asalta un banco y el que lo desfalca.

Cuando mucho, que uno asiste al palacio de gobierno y el otro al palacio negro. Que a uno lo retratan junto a la pizarra de valores y al otro, junto a la pizarra de fichaje. Que uno se transporta escoltado y al otro lo llevan custodiado. Pero, en el fondo, los dos son la misma gata.

Es por ese gusto tan generalizado que el dinero mueve al mundo. Es un mayor energético que todos los minerales y todos los hidrocarburos del planeta. Con decirles que el petróleo y el uranio giran alrededor del dólar y no a la inversa. El crudo se valora en dólares, pero el dólar no se valúa en barriles.

Esa energía es la palanca que encuentra dos puntos de apoyo. Una es el negocio. La otra es la deshonestidad. La especulación y la corrupción son los canales por donde pasa el torrente dinerario que hace girar al planeta. El que compra, alquila o regala casi todo.

Por eso se ha dicho que con dinero baila el perro, baila el dueño del perro y baila hasta el dueño del circo, sea éste de cualquier tamaño y de cualquier idioma.

Vale.

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