Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
Volver a empezar

Hay pueblos que piensan más en su pasado que en su presente y en su futuro

Si volteo para atrás, se me enchueca el surco

Por Francisco Galindo Ochoa

Este antiguo dicho tiene validez para casi todos los aspectos de la vida

Existe un viejo refrán ranchero que aconseja no estar mirando hacia atrás cuando se está arando. Lo mismo se trate de faenar a la vieja usanza, con una yunta de bueyes, que en un moderno tractor, ahora hasta equipados con música y clima, uno tiene que ver hacia adelante para que las líneas de arado queden tal y como Dios lo manda.

De lo contrario, quedan todas chuecas como si fueran nalgas postizas de puta pobre.

Este antiguo dicho tiene validez para casi todos los aspectos de la vida. En el amor, por ejemplo, el que anda lleno de romanticismo pensando en sus amores del pasado, tan sólo puede convertirse en un poeta decimonónico sin posibilidad de buscar y de encontrar nuevos nichos donde descansar el alma y el cuerpo.

Lo mismo puede decirse de la vida profesional. Nada más andar con la mente puesta en los días estudiantiles y en los asuntos de hace años es condenarse a no ver las piedras del camino actual y a tropezarse con ellas a cada momento.

El hombre de negocios que se la pasa platicando de las grandes ventas que tuvo en los años setenta cuando, por la quimera petrolera, se amarraban los perros con longaniza y no se la comían porque estaban acostumbrados a tan sólo comer chorizo ibérico.

Los que ganaron en la especulación de acciones, en aquella época cuando hasta las amas de casa cambiaron la bolsa del mandado por la bolsa de valores, para que luego se las llevara la chingada en el martes negro del 87. Esos cabrones, anclados en su pasado, están condenados a no vivir de realidades sino de recuerdos.

Pues lo mismo sucede en la política. Hay tres formas básicas de pensar por parte de los individuos, de los partidos y de las naciones. Vamos primero con éstas.

Hay pueblos que piensan más en su pasado que en su presente y en su futuro. En Europa, por ejemplo, Italia e Inglaterra sueñan con un pasado remoto, cuando fueron imperio y le dieron al mundo su lenguaje, sus instituciones y hasta su forma de ver la vida. En menor escala, en nuestro continente algo así pasa con Argentina, quien siento que sueña con un pasado que ya se fue y que, quizá, nunca regresará.

Esto no quiere decir que nunca veamos lo que nos ha sucedido. De la experiencia, buena y mala, se obtienen valiosos datos para obrar en el presente y en el futuro. El ranchero debe voltear para ver si va haciendo bien las cosas y, con ello proseguir o rectificar. Lo que quiere decir es que veamos para todos lados. Que si estamos pichando, no nos roben la segunda base. Que si estamos de quarter-back, no nos llegue el chingadazo por el “lado ciego”. Que si estamos arbitrando, no dependamos de las puras pendejadas del abanderado.

Por eso ver nada más para adelante no es tan maravilloso, sino “pajarear” para todos lados. Sin embargo, hay otros países que, al contrario de los primeros, sólo sueñan con el futuro, olvidándose del pasado y del presente.

Se ilusionan con algo que viene, pero que nunca ha llegado y, cuando pasa el tiempo, sigue estando en el mañana. Porque, en estricto rigor filosófico, el mañana nunca llega y siempre está adelante.

En ese futurismo viven Francia y Alemania. Sueñan con un mañana glorioso en el que los antiguos imperios europeos quedarán por debajo de ellos, por primera vez en la historia. En América, ni qué decir, teniéndolo tan cerca. México siempre está soñando con el futuro glorioso. Mañana seremos ricos, mañana seremos campeones, mañana seremos felices. Mañana te pago, mañana nos casamos, dice el novio... pues, entonces, responde la novia, mañana te las doy.

Hay un tercer género de pueblos. Los que piensan en el presente más que en el pasado y en el porvenir. Entre los europeos, podría mencionar a España. Entre los americanos, no hay duda: Estados Unidos y Brasil. Su sueño dorado es el día de hoy. Su sueño ya se realizó y está presente.

Así pasa, también, con los partidos políticos. Unos viven pensando en lo que fueron e hicieron durante setenta años. Otros, en lo que van a hacer si los dejan gobernar durante otras siete décadas. Total, bien para el pasado, para el presente o para el futuro, que se joda el pueblo siguiendo en las pruebas de aprendizaje. Hágase la voluntad divina en los bueyes de mi compadre. Afortunadamente, ellos podrán seguir soñando, pero el pueblo los derrotará. De eso no cabe ni la más pinche duda.

Ahora vamos con las personas, en lo individual. Muchos andan pensando no sólo en su pasado sino, incluso, en lo que creen que fue su pasado. Es por eso que muchos ex gobernantes, incluso ex presidentes, nos platican un montón de mentiras con una absoluta falta de memoria. Piensan que somos extranjeros pendejos a los que nos pueden inventar sus historietas de éxito y de alteza, olvidándose que nosotros mismos fuimos testigos directos o hasta protagonistas de cuando la cagaron, cuando se culearon o cuando se la pelaron.

Pero ellos, bien idiotas, nos cuentan sus hazañas de cuando fueron los más chingones diputados, los más fregones gobernadores o los más sácale-punta de cuanto presidente se haya sentado en la silla-del-águila.

Por eso, mis amigos, vean para adelante o aren de reversa. O, como diría el peladito alburero, métanla o recíbanla.

Vale.

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