Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
Entrevista

Juntas son dinamita pura

Obesidad y desnutrición: Una pareja explosiva

Por Manuel R. Alatorre Fierro

El mercado escolar, estima el doctor Ávila, especialista en nutrición, tiene ventas de más de 20 mil millones de pesos. Y cuestiona: ¿Quién va a ser el guapo que se atreva a levantar un dedo a la industria alimenticia?

Como decía la abuela, “los tiempos cambian, hijo mío”, y vayan que lo hacen.

No hace mucho la imagen de un desnutrido era un niño biafrano, más flaco que una calaca, con unos ojos tamaño pelota, moscas a su alrededor y unos cuantos gramos de carne, una criatura famélica y patética.

En nuestro México un desnutrido puede ser un niño humildemente vestido y panzón, digamos que con exceso de carnes. Su comida favorita: Una Coca-Cola, de esa de dos litros, con sus productos con harinas y químicos al por mayor. Eso para abrir boca, ya en la noche para matar el hambre una Coca, ahora de tan sólo un litro, no hay que ser abusivo, y unos pastelitos, al cabo viene dos por bolsa. Cubre sus necesidades de azúcares, de grasas igualmente, no así de vitaminas y minerales.

Después de asistir a un Congreso Internacional de Diabetes, organizado en el Hospital Regional López Mateos del ISSSTE, entrevistamos a uno de los pocos especialistas en nutrición de México, al doctor Abelardo Ávila.

Médico Cirujano de la UNAM, con especialidad en epidemiología y un doctorado en estudios de población por parte del Colegio de México.

UNA EPIDEMIA EXPLOSIVA

El Dr. Ávila, emocionado, afirma que no hay contradicción entre la desnutrición y la obesidad. En México, desde hace muchos años, la población de desnutrido respecto a la población total viene disminuyendo.

El problema estriba que en la población menos favorecida, los denominados pobres, esos que ya cubren prácticamente la mitad de mexicanos, en los estados del sur de la República los desnutridos lejos de disminuir, se mantienen. En los estados que esto es más evidente son Guerrero, Oaxaca y Chiapas, como siempre ocurre a los piojosos, se les cargan todas las pulgas.

Para echarle más limón a la sal, ocurre que ahora estos desnutridos se están convirtiendo en rechonchitos. Dicho en otras palabras, no es un problema de que coman poco, como sucedía antes, es que coman mal.

La nota negra no falta, para acabarle el futuro que les espera es ser diabéticos. Gordos, mal alimentados y diabéticos, vaya que es tener el santo de espaldas.

Ahora nos enteramos que la obesidad no tiene clase, la diferencia es que un gordo rico se alimenta de roast-beef, pizzas, hamburguesas de lujo y pipián, los une el amor al refresco. Para el gordo pobre son los gansos, papitas, pasteles, y todo el universo que significa los productos chatarra.

AMBIENTE OBESIGÉNICO

El Dr. Abelardo Ávila señala que los niños son bombardeados despiadadamente con anuncios de TV que giran alrededor de los productos chatarra. El refresco de dos litros cuesta en ocasiones menos que el agua, y tiene una cantidad de químicos que interactúan para hacer que el dulce no sea empalagoso.

No importa qué tan lejano esté un pueblo o una escuela, siempre cercano se encuentran refrescos, papas y pastelitos. Las rutas y distribución de estos productos es de los mecanismos más eficientes que se tienen, son como dioses: Omnipresentes.

¿Cómo hacerle frente? Si algo tan simple como favorecer que los niños tomen más agua ha sido fustigado, porque finalmente predominan los intereses de las empresas. ¿Quién va a ser el guapo que se atreva a levantar un dedo a la industria alimenticia? El mercado escolar, estima el Dr. Ávila, tiene ventas de más de 20 mil millones de pesos.

No importa que en México mueran niños obesos por mal nutridos, ni que la diabetes se dispare hasta los cielos. Pero hay de aquel que se atreva a levantar un dedo cuestionando la comida chatarra y el porqué en México, el paraíso de los obesos, somos los campeones indiscutibles en consumos de refrescos.

¿Es demasiado pedir que estas industrias elaboren productos más alimenticios, que no contengan niveles de azúcares y grasas que hacen temblar al más valiente? Parece que sí, al menos, la solución salomónica hasta hoy ha sido elaborar estos mismos productos no en bolsas, no hay que tomar conciencia, ahora se elaboraran en bolsitas. Es una tristeza.

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el doctor Abelardo Ávila

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El Dr. Ávila, emocionado, afirma que no hay contradicción entre la desnutrición y la obesidad.

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