Número 3246   Domingo 13 de mayo de 2012
Entrevista

Muerte de Miguel Nazar Haro dará pie a a revivir episodios de la llamada ‘guerra sucia’

Adiós a un legendario policía político

Por Redacción

‘No soy un asesino’, afirmó en entrevista exclusiva para IMPACTO TV en marzo de 2011

EXCLUSIVA DE IMPACTO

IMPACTO | REDACCIÓN

Una mañana, el general Manuel Rangel Escamilla recibió en la Dirección Federal de Seguridad a un joven de baja estatura. Le pedía trabajo. Lo despachó aduciendo, como pretexto, su baja alzada.

  • Tengo estatura de director general, respondió.

Fue así como Miguel Nazar Haro inició su legendaria carrera como policía político. El pasado jueves 26 de enero, a las 21:00 horas, falleció, a los 87 años de edad.

Fue uno de los hombres más controvertidos, pero, paradójicamente, de los más estimados.

Al morir parecía un abuelo bonachón; lo era, pero su apariencia podía engañar a los despistados.

Su muerte dará pie, a la izquierda, a revivir episodios de la llamada "guerra sucia" cuando el Estado enfrentó a la Liga Comunista 23 de Septiembre y a otros grupos que tomaron las armas.

La senadora Rosario Ibarra tendrá oportunidad de hablar nuevamente de la desaparición de su hijo, herido durante el intento de secuestro de Eugenio Garza Sada en Monterrey.

Con los años y la irrupción de la izquierda en el poder, la concepción de policía política cambió. El gobierno, sobre todo en la era pancista, persiguió a quienes lo sirvieron en el pasado.

El 19 de enero de 2004, Nazar Haro fue aprehendido después de mantenerse prófugo durante dos meses y medio. El 5 de diciembre de 2003 el Tribunal Unitario de Monterrey libró una orden de aprehensión en su contra vinculándolo con la desaparición de Jesús Piedra, el hijo secuestrador de Rosario Ibarra.

Elementos de la AFI lo aprehendieron en el cruce de la avenida Altavista y el Periférico Sur, en la Ciudad de México. Al momento de su detención, don Miguel era acompañado por su esposa y una de sus hijas.

Mientras estuvo en manos de la AFI, algunos agentes que lo reverenciaban le cumplían ciertos gustos, como llevarlo a Coyoacán a cenar.

Como dato curioso, Nazar fue aprehendido horas después de la defunción del presidente José López Portillo. Su sucesor, Luis Echeverría, fue procesado por delitos del pasado.

Don Miguel siempre negó haber torturado a sus prisioneros. "Fui un buen interrogador", dijo en las varias entrevistas que dio a IMPACTO.

Pudo volver a la vida activa cuando don Javier García Paniagua fue jefe de la policía capitalina durante la regencia de Manuel Camacho, pero la reacción mediática provocada por la izquierda lo impidió.

Irónicamente, su más fiero perseguidor, el fiscal para delitos del pasado, Ignacio Carrillo Prieto, fue inhabilitado por 10 años por negligencia administrativa y sancionado a pagar 11 millones de pesos por la Secretaría de la Función Pública

‘NO SOY NI SERÉ UN ASESINO’

‘No soy ni seré un asesino’, dijo Miguel Nazar Haro, frente a las cámaras de IMPACTO TV, el 23 de marzo de 2011.

Para el veterano investigador, quien, de manera categórica, rechazaba los calificativos despectivos que algunos sectores sociales –en especial los autodenominados luchadores sociales o activistas— le hacían, resultaba injusto que los representantes de la opinión pública hicieran de los policías verdaderas lacras y difundieran las supuestas “proezas” realizadas por algunos delincuentes de primer nivel.

“Destacan que esos enemigos públicos, que laceran la salud física y mental de miles de jóvenes y niños, construyen caminos y carreteras, que edifican aulas y dispensarios médicos, que llevan agua portable a comunidades, al igual que energía eléctrica, y otras supuestas obras de supuesto bienestar social, cuando, en realidad, se está engañando a la gente, ya que esa supuesta infraestructura es para su propio beneficio, para ganarse la simpatía y, con ello, la complicidad de los supuestos beneficiarios, quienes, posteriormente, les tendrán que ayudar o al menos solapar sus ilícitas conductas.

“La gente debe de apoyar a sus instituciones, a sus corporaciones policiales y de seguridad, ya que sólo así, de manera solidaria y coordinada, se podrán resolver los flagelos que representan el tráfico de drogas, armas y personas, así como el secuestro, la extorsión y las muertes violentas vinculadas a la delincuencia, la que, finalmente, será derrotada por las autoridades”, acotaba el ex titular de la DFS, quien fue encarcelado, en el penal de Topo Chico, en Monterrey, Nuevo León, por la llamada “guerra sucia”, hechos en los que acreditó su inocencia.

“No soy ni seré asesino. He servido al país con eficiencia, pero sobre todo con lealtad, honestidad y profesionalismo. Nunca he privado de la existencia, ni lo haré, a persona alguna. No tengo de qué avergonzarme”, ratificaba de manera contundente el ex servidor público, quien insistía en que, a pesar de su gran experiencia en las lides policiales y de investigación, “no soy quién para señalar al gobierno, a las autoridades, la forma como deben instrumentar y ejecutar sus acciones, sus programas contra el crimen”.

“Soy profundamente respetuoso de las instituciones, de las autoridades y de la comunidad, por lo que respeto, aunque posiblemente no podría compartirlas en algún momento, las acciones encaminadas a recuperar, para la comunidad, la seguridad, en eso está empeñado el gobierno y sus instituciones, las que merecen respeto y apoyo, ya que son el sustento de todos nosotros, de los servidores públicos, empresarios, campesinos, obreros y de todos los mexicanos, quienes tenemos la obligación y el deber de protegerlas y conservarlas”, acotaba el legendario investigador, quien aseguraba no guardar rencor contra sus detractores, la mayoría de ellos infractores de la ley y que al verse descubiertos, detenidos y consignados, recurrían a la calumnia y difamación para aparecer ante la opinión pública como víctimas, cuando estaban muy lejos de serlo.

Durante la entrevista con IMPACTO TV, don Miguel insistió en que los medios de comunicación debían orientar a la comunidad respecto de los peligros que representaba la delincuencia, y no hacer de la misma una apología, en la que los “buenos se convierten en malos y los malos en buenos, que triunfan gracias a su astucia, violencia y poder económico”.

“Resulta que todos los policías son corruptos, arbitrarios y malos, que son sobornados, que están al servicio de los delincuentes, y que éstos son redentores, gente triunfante y dispuesta a ayudar a los desvalidos”, establecía.

Y agregaba que cuando algún ciudadano se sentía lastimado en sus derechos, integridad y patrimonio de inmediato recurría a la policía y quería que ésta le hiciera justicia de manera inmediata, sin importar si para ello vulneraba o atropellaba los derechos de terceros.

“El delincuente difícilmente será hombre de bien, pero ello no quiere decir que se le violenten sus garantías y derechos, que no sea objeto de un juicio justo y se le impongan sanciones privativas de libertad desmedidas”, aseveraba.

Nazar Haro, a quien tocó resolver, en la década de los 70 y 80, “sonados” secuestros, entre los que destacó el de don José Guadalupe Zuno Hernández, padre de María Esther Zuno Arce y suegro de Luis Echeverría Álvarez, en ese entonces –miércoles 28 de agosto de 1974- presidente de la República, aseguraba tener la conciencia tranquila y dormir sin sobresaltos, ya que jamás había infringido la norma, mucho menos privar de la existencia o la libertad a persona alguna.

“Cuando el largo brazo de la ley alcanza a los delincuentes, a los presuntos responsables, se inventan todo tipo de historias o abusos por parte de sus representantes, todo ello para diluir la responsabilidad del infractor”, hacía notar.

Para concluir, el controvertido jefe policial ratificó la postura que había sostenido desde hace muchos, muchísimos años:

“No soy un santo, pero tampoco el demonio que mucha gente ha pretendido hacer de mi persona. Doy gracias al creador por estar vivo, pero sobre todo por haberme permitido servir a la sociedad como policía, actividad que no es una profesión, sino un apostolado, en el que los propios demonios le cuelgan a uno todo tipo de milagritos, sin que uno los haya realizado. Al final, por desgracia, los policías nos convertimos en demonios, y los demonios, por lo general, en pobres víctimas, mas ello poco o nada importa, ya que uno morirá con la satisfacción del deber cumplido”.

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