Con su pluma se convirtió en voz de muchos pobres que vivían en la indiferencia de la sociedad
El bicentenario de Charles Dickens
Por Carlos Villa Roiz
Fue a través de sus cuentos y novelas de ficción como impactó más en la sociedad, y en la opinión pública, por medio de sus personajes
El pasado 7 de febrero se cumplieron 200 años del nacimiento de uno de los mejores escritores de la literatura inglesa, Charles Dickens, y, como parte de los homenajes, el príncipe Carlos, heredero de la corona británica, depositó una corona de flores frente a su tumba, en la abadía de Westminster.
Al igual que las obras de Julio Verne, las tres primeras novelas de Dickens, Los papeles del Club Pickwick, Oliver Twist y Nicholas Nickleby, se publicaron en fascículos seriados, lo que obligaba a poner en sus argumentos un toque de suspenso al final de cada capítulo para mantener el interés del lector.
La obra de Dickens deja entrever algunas experiencias de su vida, como el encarcelamiento de su padre por deudas, la pobreza familiar y su experiencia laboral en una fábrica de zapatos cuando era niño y, poco más tarde, en un bufete de abogados.
Algunos críticos consideran que, después de Shakespeare, Dickens fue el mejor creador de personajes, a través de los cuales denunció las injusticas en las que muchas personas vivían en la Inglaterra victoriana (1837-1901).
Carlos Marx (1818-1883), quien vivió en Londres, cierta vez dijo, con ironía, que Charles Dickens y otros novelistas de la Inglaterra victoriana “exhibían al mundo más verdades sociales y políticas que las que eran pronunciadas por políticos profesionales, publicistas y moralistas juntos...”.
En efecto, algunas de sus obras abordaban temas sociales y de justicia de interés público que en ocasiones eran ignorados y, con ello, periodistas y figuras públicas se veían obligados a incluir estos temas en sus agendas. Marx suponía que en esta nación afloraría una revolución proletaria, dado que la industria había desplazado mucha mano de obra, en perjuicio de los obreros.
Dickens fue un hombre de fe y, desde su convicción religiosa, creía que el bien siempre triunfa sobre el mal. Con su pluma se convirtió en voz de muchos pobres que vivían en la indiferencia de la sociedad, en tiempos en que la economía de la Gran Bretaña era la más poderosa e influyente del mundo.
Aunque Dickens también dictaba conferencias y, primeramente, ejerció el periodismo, fue a través de sus cuentos y novelas de ficción como impactó más en la sociedad, y en la opinión pública, a favor de los desprotegidos del siglo XIX por medio de sus personajes, llenos de bondad y que eran víctimas de distintas circunstancias.
Pero la caridad de Dickens no se concretaba en el papel. En sus mejores tiempos, pues, fue el novelista más popular de Inglaterra; cuando tenía 27 años, Dickens ayudó a financiar un albergue para prostitutas que les ofrecía la oportunidad de comenzar una nueva vida.
Su obra
“Un cuento de Navidad” y “Oliver Twist” posiblemente sean sus obras más famosas, ya que han sido llevadas con éxito al cine y al teatro, bajo la dirección de genios como Walt Disney o Roman Polanski.
En la primera historia, el protagonista, que es un hombre avaro, es visitado por los espíritus de las navidades de su infancia, del presente y del futuro, y a través de estas visiones comprende que existen mundos de pobreza y de derroches que conviven de manera paralelas. Al lado de “La vendedora de fósforos”, de Hans Christian Andersen, es el cuento más famoso de la Navidad.
En Oliver Twist, el autor denuncia la explotación de la infancia, las calamidades que se viven en los hospicios y el amargo y turbio submundo de los pobres.
Hay quien ve en algunas obras de Dickens una especie de nuevo Evangelio. Por ejemplo, en 1846 escribió “La vida de nuestro Señor” para que se leyera en las navidades, y sólo después de la muerte de su último hijo, los nietos autorizaron su publicación, en 1934. En esta obra se descubre a Cristo, que da preferentes muestras de compasión por los pobres y por los niños, pero su misión no se reduce a los pobres, porque el cielo fue creado para ambos. Dickens, lejos de alimentar la lucha de clases, motiva al perdón. Él pertenecía a la Iglesia anglicana.
Entre sus obras están Papeles póstumos del Club Pickwick (1836–1837), Oliver Twist (1837–1839), Nicholas Nickleby (1838–1839), La tienda de antigüedades (1840–1841), Barnaby Rudge (1841), A Christmas Carol (1843) (conocida también como Canción de Navidad o Un cuento de Navidad), Martin Chuzzlewit (1843–1844), Dombey e hijo (1846–1848), David Copperfield (1849–1850), Casa desolada (1852–1853), Tiempos difíciles (1854), La pequeña Dorrit (1855–1857), Historia de dos ciudades (1859), Grandes esperanzas (1860–1861), Nuestro común amigo (1864–1865) y El guardavía (1866).
Apuntes biográficos
Dickens nació, en 1812, entre una familia de clase media. Careció de escolaridad hasta los 9 años, de modo que fue autodidacta y un gran lector.
Tras el encarcelamiento de su padre, un funcionario menor, se vio en la necesidad de trabajar y ayudar al gasto familiar. Su experiencia como trabajador en una fábrica le permitió un conocimiento mayor de las clases proletarias de Londres.
En su novela “David Copperfield”, en donde se aprecian mejor algunos rasgos biográficos, el autor escribió: “Yo no recibía ningún consejo, ningún apoyo, ningún estimulante, ningún consuelo, ninguna asistencia de ningún tipo, de nadie que me pudiera recordar. ¡Cuánto deseaba ir al cielo!”.