Hoy, que se han determinado, casi en su totalidad, los nombres que se escribirán en la boleta
Que ganen las propuestas, no el género
Por Manuel Espino Barrientos
Inconclusos anhelos como el de cambiar nuestro sistema político
Hoy, que se han determinado, casi en su totalidad, los nombres que se escribirán en la boleta electoral de la elección presidencial, los ciudadanos contamos con elementos clave para dirimir a quien daremos nuestro voto. No estamos ante un compromiso menor, sino ante el peso de una decisión colectiva que definirá el destino que compartimos como mexicanos.
Estamos, ante todo, frente a la posibilidad de corregir el rumbo para retomar el camino democrático, del que el calderonato desvió a México. Nuestra nación comenzó su transición democrática desde hace ya décadas, con el año 2000 como un importante paso, en el que se dio la alternancia. No obstante, en este sexenio hubo un retroceso, debido al cual quedaron inconclusos anhelos como el de cambiar nuestro sistema político.
CENTRAR EL DEBATE
De diversas maneras se está planteando, ya, el debate de las elecciones presidenciales no en torno a la democratización del país, sino como un asunto de género.
Ciertamente, en la agenda social y política de México, el tema de la igualdad de género es -y debe seguir siendo- de la más alta preponderancia. Si algo necesitamos hoy es integrar a las mujeres en el mundo público, y a los hombres en el privado. La equidad incondicional es un requisito irrenunciable para la construcción de la democracia.
Debe seguir avanzando el proceso por el cual se hace justicia al sexo femenino y se le permite acceder, de manera plenamente equilibrada, al ejercicio de sus derechos cívicos, pues la discriminación y la violencia siguen siendo una terrible realidad para millones de mexicanas.
No obstante, precisamos hacer una nítida distinción entre la política electoral y los asuntos de género. La contienda presidencial es un asunto que debe trascender la mera confrontación estéril entre géneros y ser una competencia entre propuestas con visión de país, pues sólo así se podrán contrastar los talentos de quienes buscan liderar nuestra nación.
Desde una visión cívica es, igualmente, errado votar por alguien sólo porque es hombre, como porque se trate de una mujer. Si se actúa con congruencia, el sufragio se otorga a la aptitud y al talante democrático; se trata de una responsabilidad que debe asumirse con visión de Estado, no por simpatía. No estamos en un concurso de oratoria o de popularidad.
Por ello, este 1 de julio debemos tener como prioridad suprema el dejar atrás proyectos autoritarios y privilegiar ideas constructivas que nos lleven a alcanzar nuestro objetivo superior: Que México regrese, con determinación, al camino de la transición democrática.
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* Ex presidente nacional del PAN y ex presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América