Aunque, algunas veces, sus consultas han resultado contrarias a la realidad…
Y con ustedes… las encuestadoras
Por Roberto Cruz
Como ya lo hizo, el jueves pasado, Mitofsky con los tres virtuales candidatos a la Presidencia de la República definidos, los sondeos, entre la población, para perfilar al posible ganador en julio abren la otra ‘guerra’, la de las cifras
>Sin ellas (además de Mitofsky, Gabinete de Comunicación Estratégica, GEA-ISA, Reforma, Parametría, entre otras), el proceso electoral sería, hasta cierto punto, incierto y aburrido. Son sus números los que le ponen sabor al caldo
En febrero de 2006, según Mitofsky, Andrés Manuel López Obrador registraba 39.4 por ciento de preferencias electorales, Felipe Calderón aparecía con 29.8 y Roberto Madrazo con 27.5.
Seis años después, sin ser aún candidatos formales, por estar en la etapa de precandidaturas y con nuevas reglas de campaña, de acuerdo a un sondeo también de Mitofsky, Enrique Peña Nieto, del PRI, aparece con 40.4 por ciento, Josefina Vázquez Mota, del PAN, con 24 por ciento y Andrés Manuel López Obrador (quien vuelve a competir) con 17.7 por ciento.
Para cualquier fin práctico o cuestionamiento hay que considerar que esta encuesta se levantó apenas un día después de la contienda interna panista en la que resultó ganadora Vázquez Mota (del 6 al 8 de febrero).
En febrero de 2006, la diferencia entre el primero y el segundo, según Mitofsky, era de 10 puntos. En 2012 es de 16.
Finalmente, todos sabemos, con un cierre considerado fuerte, Calderón ganó la contienda con la consabida protesta posterior del candidato del PRD.
En febrero de 2000, Francisco Labastida aventajaba por 7 puntos a Vicente Fox, en el promedio de encuestas, señaló, en algún momento, Mitofsky.
En la elección del 2006 fue más cuestionado el Instituto Federal Electoral que las encuestadoras, contrario al 2000, cuando siempre se le dio una ventaja a Labastida, incluyendo los últimos días de campaña, pero el ganador oficial fue Fox.
Esto generó explicaciones posteriores, como la de Grupo Reforma. Así comenzó a ser definitorio el segmento de “indecisos”, los que eligen la tendencia de su voto hasta el final.
En las recientes elecciones estatales de Michoacán, el fenómeno de reconversión volvió a ocurrir. Casi todas las encuestas daban por ganadora a Luisa María Calderón, hermana del Presidente, después de un documentado ascenso.
Finalmente, la tendencia se registró en favor del aspirante priísta, Fausto Vallejo. “Cocoa”, registraron las encuestadoras, arrancó hasta con 20 puntos abajo, pero fue recuperándose, hasta rebasar al contrincante priísta.
La victoria de Vallejo, después de recuentos y revisiones, ya es inobjetable; al menos eso indica el proyecto de dictamen del tribunal electoral.
Otra vez, sin embargo, las encuestadoras no le dieron al clavo. ¿Los indecisos? Muchos alegan el miedo, las amenazas de grupos criminales y hasta la guerra sucia entre candidatos.
SUS NÚMEROS PONEN AJO AL ASUNTO
La cultura de sondeos de opinión electorales llega a México después del ejemplo estadounidense, donde Gallup-CNN ya eran pilares de este oficio desde décadas atrás.
De Estados Unidos, las consultas públicas se extendieron al mundo. “A todas las democracias”, afirman.
“En el proceso electoral de 1988 se realizan los primeros sondeos de opinión sobre las preferencias electorales, organizadas, por ejemplo, por los de la UNAM -a través de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-, la empresa Gallup, la Asamblea Democrática por el Sufragio Efectivo, la fundación Arturo Rosenblueth y el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales”, señala un estudio político en Internet.
Por esos mismos tiempos, añade, se dieron los primeros debates entre candidatos.
En México, en más de una ocasión han sido cuestionadas, por los resultados adversos, cuando han mostrado una realidad diferente a la final.
Sin duda, sin las encuestas, sin la opinión previa de la ciudadanía, los procesos electorales serían harto aburridos y reinaría la opacidad.
Sabemos que la opacidad, la oscuridad, es el terreno fértil para el engaño, la transa.
Las encuestadoras tienen su limbo, el margen de error y el empate técnico.
En el Edomex, en julio de 2011, sus números fueron rebasados cuantiosamente, pero no porque haya resultado contrario, sino porque Eruviel Ávila, del PRI, derrotó de manera más apabullante a Alejandro Encinas, del PRD, y Luis Felipe Bravo Mena, del PAN, que lo que ellas mismas dedujeron.
Es un hecho que de aquí en adelante, y hasta pocos días antes de la elección del 1 de julio, los sondeos entre ciudadanos serán un claro referente para acercarnos a la realidad.
La moneda decidirá al próximo Presidente de México y sucesor de Calderón: Vázquez Mota, López Obrador o Peña Nieto.
Como ya lo hizo, el jueves pasado, Mitofsky con los tres virtuales candidatos a la Presidencia de la República definidos, los sondeos entre la población para perfilar al posible ganador en julio abren la otra “guerra”, la de las cifras.
Sin ellas (además de Mitofsky, de Roy Campos, Gabinete de Comunicación Estratégica, de Liébano Sáenz, GEA-ISA, Reforma, Parametría, entre otras), el proceso electoral sería, hasta cierto punto, incierto y aburrido. Son sus números los que le ponen sabor al caldo.
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