Número 3247   Domingo 20 de mayo de 2012
Política

Periodo de intercampaña obliga a cerrar la boca durante un mes y medio

El silencio de los inocentes

Por Hugo Páez

Atmósfera, contaminada por la confusión de normas electorales

En una atmósfera contaminada por la confusión de normas electorales, sumado a las acusaciones del PRI, al gobierno federal, por implementar una guerra sucia contra su partido y candidato presidencial, sumado a la remoción del titular de la FEPADE, José Luis Vargas, cuestionado por Pedro Joaquín Coldwell, inicia el periodo de intercampañas, que obliga al silencio durante un mes y medio.

De último momento, el Partido Nueva Alianza se aventura con Gabriel Quadri, un candidato perfectamente desconocido, comparado con Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, una propuesta reveladora de la realidad de Elba Esther Gordillo, que va menguando fuerza y quizá marque el inicio de su decadencia sindical.

La desesperada búsqueda del candidato, y los múltiples rechazos, exhiben una pésima toma de decisiones que, al final, terminó con las prisas de nombrar lo que había a la mano.

Indudablemente, Quadri merece el beneficio de la duda. Podría ser un candidato competente, golpeador en los debates, sin embargo, el nivel de conocimiento requerido por un aspirante presidencial pasa, necesariamente, por el vía crucis de la exposición en medios de comunicación, giras, cuando menos, en 200 municipios más importantes de los 32 estados, y esto consume tiempo; no hay atajos.

Evidentemente, el primer objetivo de Elba Esther Gordillo es conservar el registro del Panal. Su fuerza sindical puede garantizar una buena parte del riguroso 2% de la votación; más allá es ganancia.

El cuarto pasajero tiene un perfil muy diferente; los otros tres estarán obligados a enfrentarlo como su par ante las cámaras, aun cuando las encuestas lo entierren a distancia; por lo tanto, tiene todo por ganar. No así Elba; la maestra no consiguió reclutar a un “Big leaguer”, y eso, en el lenguaje del poder, se llama fracaso, proscripción; nadie quiere con ella, y el próximo Presidente de la República, si no es Gabriel Quadri, tendrá un compromiso menos, un gran compromiso menos, para reinventar la urgente educación.

Por si le faltaran negativos a Quadri, su nombre salta a la escena política el último día de las precampañas. El silencio en los medios tendrá una gran dosis de autocensura, ante la confusión creada por las autoridades electorales, a partir de una legislación del 2007, en la que los partidos reclamantes tienen toda la responsabilidad.

Es un mes y medio donde el gobierno federal se las arreglará para demostrar lo bueno que es, y lo bien que terminará, para que los electores ansíen la continuidad; nada que no haría cualquier otro partido en Los Pinos.

El gran temor del PRI es que los noticieros de radio, televisión y prensa escrita, llenen la veda con filtraciones judiciales, investigaciones de la PGR y aprehensiones de sus personajes políticos. Tomás Yarrington les provoca una gran preocupación; la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA) tiene elementos para consignarlo. No es un asunto de México, aunque en el manejo de los tiempos, y si no hay elementos probatorios, provocará un gran efecto contrario que puede llegar a victimizar al ex gobernador y al partido.

La detención de Yarrington en Estados Unidos, o a petición de, tendrá que ser un caso sólido; de otra forma, se le acusará de injerencia y contubernio con propósitos electorales. Aquí no valdrá el hecho de que nuestros vecinos resuelven sus asuntos sin informar o coadyuvar con el gobierno mexicano. No en este tema, en el que está implicado uno o tres ex gobernadores de nuestro país.

El prófugo Julio César Godoy le hizo mucho daño a su estado, a su partido, el PRD, y a su hermano, Leonel. No hubo poder que lo convenciera de entregarse a la justicia; aparentemente, engañó a sus compañeros diputados, quienes violaron la ley para que tomara posesión y, así, evadir la justicia, vía fuero. Los costos fueron brutales; el sol azteca perdió el estado y manchó a media Cámara.

Una ficha de la Interpol con los datos de Tomás Yarrington haría tanto daño como su detención; quizá más. Difícilmente algún personaje del partido lo podría convencer de entregarse a la justicia norteamericana, famosa por dura e implacable. Un ex gobernador del PRI, prófugo de la justicia, que jugó un papel importante al lado de Beatriz Paredes Rangel en la presidencia del partido es la propaganda que nadie quiere.

En la elección del 2009 se habló de que Yarrington palomeó las candidaturas que renovaron la bancada tricolor en la Cámara de Diputados; así de cerca estaba de la actual precandidata a la jefatura de Gobierno del DF.

La intercampaña es una alfombra roja para este tipo de espectáculos. Unos callarán obligadamente y los medios estarán ansiosos de llenar sus espacios. Es la disputa por el poder… sin tregua.

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