Número 3247   Domingo 20 de mayo de 2012
Política

Como si la situación en la Sierra Tarahumara no hubiera sido una alarma internacional

Ceguera oficial ante pobreza indígena

Por Manuel Espino Barrientos

Radicalmente diferentes, realidades sobre los mexicanos originarios

Esta semana, en periódicos nacionales, se presentaron realidades radicalmente diferentes sobre los mexicanos originarios. Por un lado, un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) concluyó que los rarámuris están “peor que los más pobres de África”.

Por otro, Xavier Abreu, director de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), afirmó que “el tema del hambre es un tema relativamente resuelto. Los indígenas comen, tienen qué comer, tienen su economía de traspatio, tienen una madre tierra, una naturaleza que les da los medios”.

Como si la situación en la Sierra Tarahumara no hubiera sido una alarma internacional en las anteriores semanas, el funcionario del gobierno federal también declaró que, los pueblos indígenas, “el sustento lo tienen, en muchos lugares, a la mano. En otros lugares desérticos, pues no lo tienen así, porque viven en un desierto, pero en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, las condiciones de la naturaleza les dan elementos para vivir”.

Habría que recordar a Abreu estos datos difundidos por la propia Presidencia de la República: “Cerca del 64 por ciento de los suelos del país presentan afectación, por algún proceso, en diferentes niveles. Se calcula que alrededor de 48 millones de mexicanos padecen las consecuencias de la sequía en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, lo que genera que cada año emigren y abandonen sus tierras entre 300 mil y 400 mil personas”.

Es decir, aun en el supuesto caso de que los indígenas vivieran únicamente de la tierra, lo cual es falso, nuestro territorio enfrenta una verdadera situación de emergencia que hace prácticamente imposible escapar de la pobreza tan sólo con agricultura de autoconsumo.

Seguramente por ello, los más recientes análisis del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) encontraron que los “indígenas han resentido un incremento de la pobreza mayor al del resto de la población”.

Es tan grave la situación que un hombre que conoce de cerca la situación de la sierra chihuahuense, el ex senador Carlos Rojas, afirmó, esta semana, que “si no cambian las cosas, los tarahumaras están condenados a la extinción”. Incluso, un funcionario del CDI, el antropólogo Francisco Javier Noriega Arjona, reconoció que “los tarahumaras están en riesgo de desaparecer como cultura, muriendo día con día”.

EL CINISMO COMO LÍNEA GUBERNAMENTAL

La diferencia entre estas distintas visiones del mundo indígena es que las negativas se basan en estudios, y las oficiales en nada más que opiniones.

Ojalá pudiéramos coincidir con Abreu y con los diversos funcionarios federales, que ven un México próspero y pacífico. Como ciudadanos, nada nos gustaría más que creerles.

Sin embargo, la realidad está allí, y en nada la cambian los discursos optimistas, los spots y la propaganda oficial. Muy por el contrario, negarse a admitir la crudeza de la situación indígena es un obstáculo en el camino que como sociedad nos llevará a solucionarla. Hablar con la verdad es el primer paso hacia la solución de todo problema.

Bien harían los funcionarios gubernamentales en no insultar nuestra inteligencia con palabras azucaradas, pues cada vez que niegan la realidad no sólo fracasan en su propósito político de engañarnos, sino que prolongan el dolor y el sufrimiento de miles de mexicanos.

www.twitter.com/ManuelEspino

manuespino@hotmail.com

* Ex presidente nacional del PAN y ex presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América

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