Triunfo en encuestas sobre Ebrard obliga al PAN y PRD a definir posiciones
Convertido, y ‘por amor al prójimo’, López Obrador vuelve por el poder
Por Roberto Cruz
Tras los resultados de Nodos y Covarrubias, Andrés Manuel anuncia la coalición Movimiento Progresista; posteriormente, PRD, PT y Movimiento Ciudadano se unificarán en el Partido Frente Amplio Democrático
>El creador de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) promete una ‘República Amorosa’, afirma ser hoy un ‘humanista’ y, después de cinco años, regresa a Televisa; se queja, pero tiende la mano
Directo del “Edén” (del sureste mexicano, Tabasco), y tras derrotar en dos encuestas a Marcelo Ebrard, Andrés Manuel López Obrador resurge con propuestas que acercan a México al paraíso en tiempo récord.
Si en el proceso electoral federal anterior fue llamado “El Mesías”, por su tendencia a autoproclamarse el salvador del país, esta vez sus planteamientos lucen más refinados, al grado de definirse como un “humanista que lucha por los demás”.
Apenas dos días después de anunciarse su victoria sobre el jefe de Gobierno capitalino, López Obrador “deslumbró” a sus seguidores asegurando que de llegar a la Presidencia de la República crearía, en tan sólo seis meses, 7 millones de empleos, 4 de ellos en las primeras seis semanas de gobierno.
El proyecto, dijo, está inspirado en lo que hizo el ex presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, quien durante la Gran Depresión creó, en unas cuantas semanas, 4 millones de plazas laborales.
En ese mismo lapso, añadió, crearía las condiciones necesarias para regresar al Ejército a los cuarteles.
La sorpresa por la primera monumental promesa, casi igual a un milagro, fue tan grande que hasta su entrevistadora, Carmen Aristegui, se mostró incrédula.
La propuesta general de Andrés Manuel, de la cual apenas se conoce una mínima parte, se engloba en su plan de hacer de México una “República Amorosa”.
El renovado aspirante de la izquierda –el jueves pasado el PRD, PT y Movimiento Ciudadano firmaron la coalición “Movimiento Progresista”, que dará paso al Partido Frente Amplio Democrático- ha comenzado a plantear ante los medios de comunicación una faceta menos ruda, comparada con la de 2004, 2005 y 2006.
Para López Obrador, la confrontación, prácticamente, quedó atrás. Desde hace varias semanas sostiene reuniones con empresarios del país para convencerlos de que no es como se le catalogó hace seis años, “un peligro para México”.
En las próximas semanas, seguramente, enfatizará en su respeto a las instituciones, aquellas a las que también, en su faceta anterior, de caudillo, mandó al diablo.
Y es que si dudábamos del nuevo rostro de López Obrador, todo se aclaró durante la entrevista, del mismo martes, con Joaquín López-Dóriga.
Tras cinco años de no pisar suelo de la televisora de Emilio Azcárraga Jean, el aspirante presidencial del PRD fue recibido por el “Teacher” con el mismo lapso de tiempo otorgado a miembros de otros partidos, con la diferencia de que a Andrés Manuel lo dejó hablar por tres o cuatro minutos, sin interrumpirlo.
Después de la queja por ignorarlo en la pasada campaña, propuso fumar la pipa de la paz.
“Luego de cinco años de cerrazón a mi persona y al movimiento que represento... Ofrezco la reconciliación, extiendo mi mano franca”, dijo a López-Dóriga.
Alabó a Ebrard porque, dijo, “actuó con mucha inteligencia política” y “para que juntos podamos salvar al país”.
Para apuntalar su nueva forma de hacer campaña, y responder a la pregunta de si había aprendido la lección y ahora rectificaría sus posturas, infranqueables, del pasado, López Obrador parafraseó a Ortega y Gasset:
“Uno es parte de las circunstancias... Si no cambiamos nuestra circunstancia, no cambiamos nosotros”, expresó.
“Tenemos que ser más humanos, amorosos... fraternos... El amor al prójimo, a la Patria”, señaló sobre su nueva manera de buscar la preferencia de la ciudadanía.
Y explicó que aunque no ronda en la cuestión religiosa, su tendencia sí es un mensaje espiritual.
“México requiere una transformación... No se va poder sacar adelante a México si no hay un cambio verdadero”.
Andrés Manuel agregó que, a diferencia de hace seis años, ahora, la izquierda tiene una ventaja: su organización.
Seguramente se refería a la parte de la izquierda compuesta por el PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), porque la correspondiente al PRD es, más bien, desorganización; basta ver el pasado proceso interno para elegir consejeros estatales. Y, si no alcanza, trasladarnos hasta el 2008, cuando Jesús Ortega y Alejandro Encinas convirtieron su famosa democracia en el peor de los chiqueros.
Pero de eso ya se encargará López Obrador, quien ya anunció la coalición Movimiento Progresista, que se transformará en Partido Frente Amplio Democrático, mismo que estará arropado por Morena (Movimiento de Renovación Nacional) y que hace a un lado a DIA (Diálogo para la Reconstrucción de México).
Para rematar y presumir que va por y con todo, Andrés Manuel señaló que ya tienen 40 mil comités seccionales en todo el país.
Y ni al final de la entrevista con López-Dóriga aflojó en su cruzada del amor. Recomendó echar un vistazo a la “Cartilla Moral” de Alfonso Reyes. “Hace falta de eso”, dijo.
“Vamos al beneficio de la duda, vamos a una nueva etapa”, expresó casi para despedirse y dejar claro que es otro.
Como último suspiro, y casi un ruego, confesó: “Nosotros necesitamos de los medios de comunicación”.
MUEVE EL TAPETE A SUS CONTRINCANTES
De una u otra forma, Andrés Manuel López Obrador iba a ser candidato de la izquierda, con el PRD o sin él, pero el martes pasado, con la licencia otorgada por Nodos y Covarrubias, Marcelo Ebrard le dejó el camino abierto para él solito.
El sello de lo que algunos comienzan a llamar el “pacto del Hilton” se redondeó con fotografías en donde aparecen los dos sonrientes, dándose la mano o semiabrazados, pero nunca el jefe de Gobierno capitalino levantándole el brazo a Andrés Manuel.
De cualquier forma, la acción de la izquierda movió el tapete a sus contrincantes y casi los obliga a replantear sus estrategias en esta recta final del 2011.
Con Andrés Manuel al frente se reagrupa la izquierda y resurgen viejos temores de quienes han visto su forma de competir.
Saben que es un hombre que no afloja, que tiene años y años haciendo campaña, y que si no cedería ante Ebrard, no cederá ante nadie.
López Obrador, en el estricto sentido de su actividad, lo sabe; es un obstinado con la Presidencia de la República y en esta ocasión es el “ahora o nunca”.
Saben, también, que su nueva propuesta de proyecto está revestida de un gran tonelaje de populismo, sin llegar, todavía, a las playas en la ciudad, las bicicletas o apoyo económico a cuanta persona estire la mano.
Esto, en plata limpia, es un atractivo eficaz para el voto. Los analistas le llaman propuesta paternalista de gobierno.
Entonces, desde la cúpula panista, hasta el mismo Presidente Felipe Calderón, por parte del PAN, y desde Humberto Moreira, hasta el propio Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, de parte del PRI, apuntados para la batalla del 1 de julio de 2012, deberán definir el camino.
En esto, el que más aflicción podría enfrentar es el PAN. Tiene el tiempo encima y, en la partitura de tres aspirantes, las notas parecen invertidas. El personaje en quien parece están puestos los dados oficiales no levanta, es decir, en Ernesto Cordero.
Las encuestas posicionan a Josefina Vázquez Mota, pero, por más que se aferra, los líderes y jefes de su partido se obstinan en hacerla sufrir y provocarle un desgaste inútil.
En medio de ellos, Santiago Creel parece destinado a hacerse para uno u otro lado, sólo que por ahora no encuentra el rumbo.
Y eso es nada más una parte del calvario azul. A la indefinición sobre la candidatura presidencial se debe agregar la segunda derrota consecutiva en los dos exámenes de cara a la elección federal: Estado de México y Michoacán, además del golpe asestado, por el Tribunal Electoral, por el método seleccionado para elegir a candidatos a diputados y senadores.
En todo esto, una figura resalta por su inoperancia, pasividad y poca autoridad: Gustavo Madero. La falta de contundencia en sus líderes nacionales la ha padecido el PAN desde la salida de Manuel Espino, hoy fuera del partido, pasando por Germán Martínez y César Nava.
Por parte del PRI, con un aparente avance en su programa y con la figura de Peña Nieto bastante cimentada por los triunfos tricolores en los dos estados mencionados, el camino se ve claro.
Junto al ex gobernador mexiquense está también la figura del senador Manlio Fabio Beltrones, quien todavía el jueves pasado afirmaba que en breve decidiría sobre si registrarse o no para una eventual contienda interna.
Beltrones ha sido pieza clave en la ruta del PRI hacia julio de 2012. Su propuesta, aferrada, de definir primero el programa y después el candidato se tomó sin miramiento alguno.
¿Una ruptura por la presencia o ausencia del senador en la contienda? No. Descartada. Si algo han propiciado las sugerencias del líder de los senadores priístas, incluyendo su insistencia en la Reforma Política, es apuntalar la ruta del PRI en el regreso a Los Pinos.
Seguramente en los siete meses y medio que restan para el gran día, el espasmo provocado por el nuevo Andrés Manuel será superado por otros sucesos, digamos la definición del PAN o el mismo arranque de precampañas, y, entonces, la adrenalina bajará.
Por lo pronto, Beltrones dio, la semana pasada, su pronóstico: “Solamente el tiempo nos dirá si ese nuevo discurso (de López Obrador) es de verdad o sigue siendo igual que siempre, pero con un nuevo ‘look’”.