Queda poco de aquel personaje capaz de sentarse a charlar en público con su contrincante
Cordero, desesperado
Por Juan Bustillos
El respetado ex secretario de Hacienda intenta ofrecer, sin conseguirlo, la imagen de político bravucón que no duda en acudir al ‘descontón’
Alguna ocasión, cuando Manlio Fabio Beltrones promovía su reforma fiscal, basada en la reducción de IVA e ISR, a condición de que todos los mexicanos paguemos impuestos, Ernesto Cordero calificó la propuesta de “sexy”; en respuesta, el coordinador de los senadores priístas dijo no reconocerle méritos para secretario de Hacienda.
Durante años no conocimos a Cordero una frase que pudiese incomodar a nadie; empezaba a incursionar en la pirotecnia verbal propia de los políticos electoreros.
Meses después, cuando aún no se decidía la candidatura presidencial del PRI y Manlio se afanaba en fincar en la opinión pública la imagen, reconocida por todos, de gran negociador, y Ernesto abandonó de manera tardía la Secretaría de Hacienda para competir con Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel, se reunieron a comer para “hablar de futbol”.
Si tocaron el tema, debieron debatir sobre el equipo Puebla FC, propiedad de un gran amigo de Manlio, Ricardo Henaine, porque el aspirante presidencial panista es aficionado de "La Franja", por el origen poblano de su familia (Libres, Puebla, antes San Juan de los Llanos), pero no, los asuntos fueron otros, menos ligeros, pues el encuentro se dio en el contexto de la propuesta de Beltrones sobre los gobiernos de coalición.
Quizás la posibilidad de llegarse a ver las caras en la elección presidencial y cómo comportarse.
Este escenario ya no ocurrirá, directamente, porque Manlio declinó participar en la contienda priísta por la candidatura y Ernesto no encuentra la manera de vencer la popularidad de sus competidores, en especial Josefina Vázquez Mota. No obstante, el saldo de aquella charla fue el mutuo respeto entre dos personajes militantes en bandos distintos.
EL NUEVO CORDERO
Queda poco de aquel personaje capaz de sentarse a charlar en público con su contrincante sin caer en la diatriba. Ernesto Cordero ya no es, por lo menos en sus apariciones públicas, el charlista capaz de reír de sí mismo y de ver a los contrarios con tolerancia. Le han impuesto un personaje que le resulta imposible representar, porque no lo siente.
Hoy, el respetado ex secretario de Hacienda intenta ofrecer, sin conseguirlo, la imagen de político bravucón que no duda en acudir al descontón. Una especie de Gerardo Fernández Noroña refinado cuyos golpes, como no los siente, como no van con su personalidad, distan de ser demoledores.
Hoy, para ganar puntos, no tiene enemigo aborrecido. Lo mismo se lanza al cuello de su más peligrosa competidora hacia el interior del PAN, Vázquez Mota, que advierte la posibilidad de que, con el triunfo del PRI, pueda llegar a gobernarnos un “narcopresidente”, palabras que podrían colocarlo ante un juez porque Peña Nieto puede ser todo, menos sospechoso de colusión con el crimen organizado. Y todo en un solo día.
EL FABRICANTE DE POBRES
En el debate con Josefina y Santiago, culpó a Vázquez Mota de lo que debió reclamar al PAN y a Germán Martínez.
Si como coordinadora de la diputación panista no pudo obsequiar los deseos presidenciales en la Cámara de Diputados, no fue por incapaz, sino porque el PAN no le dio los votos suficientes y porque el equilibrio priísta en el Congreso de la Unión cambió, en el 2009, con el arribo de la poderosa diputación mexiquense y sus numerosos aliados.
En la LX Legislatura, Calderón contó, en la Cámara de Senadores, con Manlio Fabio Beltrones, que modificaba, a placer, las iniciativas del Ejecutivo Federal; éste, a su vez, fue auxiliado, en la Cámara Baja, por Emilio Gamboa. La situación dio un vuelco explicable con el arribo de Francisco Rojas como coordinador priísta y la disminución dramática de la bancada panista.
Pero culpa también tienen los secretarios del Gobernación, Fernando Gómez Mont y Francisco Blake; los líderes partidistas César Nava y Gustavo Madero, así como el propio Presidente Calderón, incapaces de materializar en alianza legislativa la electoral con el PRD.
Ernesto se equivocó al culpar a Vázquez Mota de los errores de otros, pero la aspirante le reviró de una manera inesperada, responsabilizándolo del crecimiento de la pobreza.
El asunto no tendría mayor trascendencia de no ser porque ambos fueron secretarios de Desarrollo Social, si bien ella con Vicente Fox y él con Calderón.
Después del baño de Josefina, el jueves, Cordero recorrió cuanto programa de radio pudo para contrarrestar los dichos de su contrincante, pero ¿cómo rebatir datos duros como la comparación del aumento de la pobreza y desigualdad en México ante el descenso en Argentina, de 40 por ciento a 8, y en el Brasil de Lula, a 20 puntos?
Conforme a la contabilidad de Josefina, ella dejó a México con 17.5 millones de pobres; hoy, según cifras oficiales, superan los 50 millones. Él intentó defenderse alegando que la pobreza creció en todo el mundo, no sólo en México, debido a la crisis.
Lo grave del discurso de Vázquez Mota es que no sólo desmiente a Cordero, sino al panorama idílico pintado por el Presidente Calderón.
RÁPIDO Y FURIOSO
Como decía, al terminar el debate, Cordero entró en frenesí y acudió a todos los micrófonos disponibles, pero a unos conductores les interesaba más el debate entre Calderón y Enrique Peña, por la intromisión del narco en los procesos electorales, que los golpes que Josefina le había asestado con la sartén.
Incluso, le ocurrió que cuando estaba en plena explicación en el programa de Mary Carmen Cortés tuvo que suspender su alegato, pues los sorprendió la guillotina, es decir, el corte para comerciales. No pudo permanecer en el teléfono porque apenas le quedaba tiempo para continuar su peregrinar.
Pero si le va a resultar difícil explicar que venció a Josefina, a pesar de ser el personaje más popular de los aspirantes panistas y haber recolectado más firmas que él, más pesada será la tarea de enfrentar a Enrique Peña Nieto y a Andrés Manuel López Obrador.
Por lo pronto, no se ocupa del perredista porque el candidato de las izquierdas anda destilando amor, pero los conductores de la radio prefieren hablar del PRI y del narco que de Chapina y la cocina.
AHÍ VIENE EL LOBO
Así que, el jueves, Ernesto tuvo que colgarse del discurso de Calderón para vaticinar que México corre el riesgo de ser gobernado por un “narcopresidente” si el electorado sufraga por el PRI, imagino.
Al igual que el Presidente, Cordero no exhibió más prueba que el desplegado publicado por un periódico de La Piedad Cabadas antes de las elecciones, amenazante, a quien se vistiera de azul (panista) en las casillas.
Ernesto es actuario y debería saber que la diferencia numérica adversa a Luisa María Calderón puede tener origen en un problema de familia y no, precisamente, del grupo criminal que domina la entidad.
El senador Marko Cortés, emparentado con la familia presidencial, debió ser el candidato a gobernador, y no la hermana del Presidente. Por lo menos lo dicen los números en Morelia, en donde Cortés aceptó la candidatura a presidente municipal de la capital estatal para que la hermana presidencial lo fuera a gobernadora.
La derrota del PAN en Michoacán se escribió en Morelia, y no en La Piedad. El candidato panista a presidente municipal, Marko Cortés, superó en 31 mil votos a la candidata panista a gobernadora, algo así como la diferencia entre el priísta Fausto Vallejo y la hermana del Presidente.
Y en La Piedad, con todo y la amenaza del crimen organizado y el asesinato del alcalde, el menoscabo por unos 7 mil votos.
Ernesto debe tomar un respiro y repensar su estrategia. La imagen de desesperación no corresponde a su estilo. No es hombre de descalificaciones ni de esperar, como lo dijo por la radio, que Josefina no se enoje por lo que le dijo.
Sabe que, como cuando cruzó espadazos con Beltrones, en política casi todo se reduce a pirotecnia verbal, y que después del cruzamiento de golpes en público, los contendientes se reúnen en privado y hasta festejan sus ocurrencias.
Sin embargo, el contexto actual no es el caso. La crispación se ha apoderado de todos.
LA DESESPERACIÓN, MALA CONSEJERA
El Presidente Calderón está desesperado, con justa razón, porque sabe que, por ahora, cualquiera que sea la oferta presidencial de su partido no llega al 20 por ciento en las preferencias electorales.
Tampoco se cree las comparaciones alegres de quienes dicen que lo mismo pasó en 2006, cuando él caminaba muy abajo de López Obrador. Y hay razón: Josefina, Santiago y Ernesto no son Felipe; Peña no es Roberto Madrazo y López Obrador es el mismo, si bien más amoroso que rijoso, en apariencia.
Calderón no quiere pasar a la historia como el perdedor que regresó la Presidencia al PRI, y por ello se entiende la invención de historias, como las llama Peña, de la vinculación priísta con el crimen organizado, y hasta la insinuación de la posibilidad de que no haya elecciones en el 2012, para que el PAN no tenga el riesgo de perder.
Pero ese discurso, en boca de Cordero, no convence. Ernesto es otro, muy diferente, al que han disfrazado de lobo.