Número 3247   Domingo 20 de mayo de 2012
Portada

El último eslabón de la unidad se dio ante el grupo parlamentario del Senado encabezado por Beltrones

La fractura priísta que nunca llegó

Por Juan Bustillos

> Opositores del tricolor y el llamado “círculo rojo” de analistas de medios de comunicación se quedaron esperando una confrontación demoledora

> Nada de choque de trenes, al contrario, un cierre con broche de oro: “Mi candidato”, expresó Manlio Fabio a Peña Nieto el martes pasado ante los 32 senadores restantes

> “Mi amigo”, correspondió el ex Gobernador del Estado de México

El martes, después de una reunión prolija en discursos (Manlio Fabio Beltrones habló hasta en cuatro ocasiones), los fotógrafos y camarógrafos se dieron gusto tomando las imágenes sonrientes del coordinador de los senadores priístas, del nuevo líder del priísmo nacional, Pedro Joaquín Coldwell, y del precandidato único a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto.

La fractura, atizada por analistas y esperada, ansiosamente, por las otras fuerzas políticas, se esfumó, dejando al descubierto la peor de las pesadillas de Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y Manuel Camacho: el regreso del PRI.

Beltrones y Peña Nieto compitieron, durante años, en busca de lo mismo: la candidatura. Al final, el sonorense declinó participar en la precampaña. Fue, como dijo, su aportación a la unidad priísta. Se trataba, y se trata, de recuperar la Presidencia, y el ex gobernador mexiquense lo garantiza conforme a todo tipo de encuestas.

SIN FRACTURA

El mejor escenario para las otras fuerzas políticas, y el más perverso para el priísmo, mostraba a Beltrones regateando su apoyo a Peña Nieto y en franca descalificación a la manera de postularlo.

Los juegos de palabras de Manlio, tales como “prefiero las propuestas a las apuestas y las encuestas”; el enfrentamiento entre senadores y diputados priístas por la reelección de legisladores federales y locales; su más reciente aportación, la de gobiernos de coalición, incorporando la olvidada jefatura de gabinete, así como su reiterada denostación a lo que llama “unidad matraquera”, hicieron suponer, a algunos, que el PRI llegaría dividido a las elecciones del 2012.

Es decir, que en el momento menos oportuno para Peña Nieto, el coordinador de los senadores priístas adoptaría una actitud de franca rebeldía que sería bienvenida por las otras fuerzas políticas y el llamado “círculo rojo”, integrado por analistas de medios de comunicación; lo elevaría a rango de héroe de la democracia, pero sería demoledora para el PRI.

Quienes albergaron esta esperanza, simplemente, no conocen al sonorense.

Se sabe preparado para gobernar al país. De hecho, en las últimas tres décadas no ha hecho otra cosa que construirse a sí mismo para un día encabezar a la República, pero en esta oportunidad, cuando el PRI enfrenta a un Presidente de la República de origen panista empecinado en no pasar a la historia como el perdedor de lo que ganó Vicente Fox, las izquierdas lograron el milagro de reunificarse en torno a Andrés Manuel López Obrador y el PRI recuperó Michoacán por estrecho margen, luchando contra las otras dos fuerzas políticas, su partido debe participar en las elecciones de julio próximo con quien garantice el triunfo.

Y en la soledad, lejos de consejeros e interesados en sus propios futuros, Beltrones llegó a la conclusión de que sólo Peña garantiza el triunfo.

DIFERENTES CAMINOS

Cada cual buscó la candidatura a su estilo y por caminos diferentes.

Manlio, encabezando una de las legislaturas más exitosas en la historia oposicionista del PRI. La mayoría, sino es que todas las reformas legislativas presumidas por Felipe Calderón, fueron presentadas o modificadas por los senadores priístas. Encabezó los esfuerzos de la Reforma Política aún aprobada a medias, tiene en la lista de espera la Reforma Fiscal y la de gobiernos de coalición, pero ya son realidad la electoral, tan controvertida, del 2007, la de pensiones, la petrolera, etcétera.

No obstante su esfuerzo legislativo, y el recorrer el país explicando las reformas, no se reflejaron en las encuestas.

Peña inició el sexenio en el peor de los mundos posibles. Ganó la gubernatura del Estado de México de forma arrolladora, pero meses después perdía los municipios más importantes de la entidad y el control del Congreso local. Más tarde las diputaciones federales y hasta los senadores. Sin presente no podía tener futuro.

No obstante, pasados tres años recuperaba todo: alcaldías, diputaciones locales y federales, excepto los senadores, porque se eligen cada seis años. De paso tomó el control de la Cámara (federal) de Diputados; el CEN del PRI y sus operadores se hicieron presentes en las entidades en donde el PRI mantuvo o ganó las gubernaturas.

Como si fuera poco, una bien diseñada estrategia publicitaria lo colocó al frente de la clase política en popularidad, incluido el Presidente Calderón. Y el cierre definitorio, la manera de resolver su propia sucesión, en el Estado de México, con Eruviel Ávila.

NADA CONTRA EL PARTIDO

Con estos antecedentes, en los medios de comunicación se construyó un supuesto choque de trenes en los prolegómenos de la definición de la candidatura priísta. Olvidaron, sin embargo, la primera declaración de Beltrones al referirse, tangencialmente, a sus aspiraciones presidenciales alegando el derecho de todo mexicano a conducir al país: nada haré en contra de mi partido.

La definición de la candidatura priísta se resolvió entre Peña y Beltrones, lejos de cualquier mirada, pero fue exhibida en la instalación del Consejo Político Nacional cuando Manlio bajó del estrado a saludar a Enrique. Fue un momento definitorio que sólo la cámara de IMPACTO TV siguió segundo a segundo, como si el operador hubiese sido enterado, con anticipación, de lo que ocurriría.

El gesto de Beltrones fue correspondido por Peña, acudiendo adonde estaba a despedirse, pero los movimientos de Manlio delataron que no había riesgo de fractura; ni siquiera fisura.

No obstante, la unidad proclamada necesitaba de un cierre con broche de oro. Ocurrió el martes por la tarde, en la encerrona de los 33 senadores priístas con su dirigente nacional y el virtual candidato.

MI CANDIDATO… MI AMIGO

“Mi candidato”, exclamó Beltrones, dirigiéndose a Peña Nieto; éste correspondió con “mi amigo”, y así quedó sellado el compromiso que los priístas esperaban.

El encuentro fue la culminación de varias reuniones entre los personajes más conspicuos del priísmo. Durante los dos últimos años, Peña y Beltrones se reunieron en privado y con el líder de la CNOP y el ex presidente del CEN priiísta, Humberto Moreira.

En las semanas previas a la declinación de Manlio, y después del registro de Enrique como precandidato, menudearon los encuentros en solitario, sin testigos y sin participantes en los diálogos, que no en las negociaciones, porque nada había negociable.

El último ocurrió el viernes 9. Regresaron de Aguascalientes en un mismo avión después de asistir al informe del gobernador Carlos Lozano, cuando habían arribado en naves distintas.

En el recinto donde Lozano leyó su mensaje flanquearon al sustituto de Moreira. El clima era relajado, fruto, sin duda, del nuevo estilo impuesto por Pedro Joaquín Coldwell, cercano a Manlio, pero institucional hasta la exageración, muy al estilo de ex presidentes del PRI, como Jorge de la Vega Domínguez.

Pero Peña y Beltrones se reunieron en privado por lo menos en dos ocasiones previas, de las que IMPACTO dio cuenta puntual y exclusiva. Una, el lunes 7 de noviembre, una semana antes del viaje de Enrique a Estados Unidos; la otra, en la noche de la declinación de Manlio, el lunes 21. Después de enviar el documento a los medios, se lo entregó en propia mano y cenaron hasta muy avanzado el nuevo día.

Sólo ellos saben lo hablado. Sin duda, del futuro de Moreira, acosado por el gobierno federal a causa de la falsificación de documentos para gestionar parte de la cuantiosa deuda del gobierno de Coahuila, pero también de las alianzas electorales, en particular con el Panal, de Elba Esther Gordillo, con las que Beltrones ha expresado su inconformidad.

APOYO Y FUTURO PARA TODOS

Para el futuro quedan temas como la reelección de legisladores federales y locales (por cierto, el martes, el Senado decidió, con el apoyo de los priístas, regresar los temas controvertidos a la Cámara de Diputados), y los gobiernos de coalición, y su consecuente jefe de gabinete, que por ahora no tienen la aceptación de Peña.

Pero el martes, en el salón del hotel en donde se reunieron los senadores con su candidato, la lucha quedó atrás. Se habló de unidad en torno al hombre y al programa, y a la meta común: recuperar la Presidencia perdida en el 2000 por uno de los legisladores presentes en el encuentro, Francisco Labastida.

Peña destacó el talento y el trabajo de la fracción. Con sólo 33 miembros se comportó, durante cinco años y medio, como si fueran la mayoría. Nunca antes la representación priíista había sido tan minoritaria, pero, a pesar de ello, todas las reformas de las dos legislaturas del sexenio llevan el sello del priísmo y, en especial, de su coordinador.

A cambio, Manlio otorgó, sin reserva, su adhesión a la candidatura de Peña. Una a una fueron cumplidas sus propuestas (primero el programa, luego el hombre, no cargadas, respeto, etcétera), y, el martes, todos los senadores ofrecieron su participación en la campaña.

Y el candidato les dijo que había lugar y futuro para todos.

Comentarios

Esta nota tiene los comentarios deshabilitados

Aún no hay comentarios en esta nota

Opositores del tricolor y el llamado

Opositores del tricolor y el llamado "Círculo Rojo" de analistas de medios de comunicación se quedaron esperando una confrontación demoledora

Beltrones y Peña Nieto compitieron, durante años, en busca de lo mismo: la candidatura. Al final, el sonorense declinó participar en la precampaña. Fue, como dijo, su aportación a la unidad priísta

Beltrones y Peña Nieto compitieron, durante años, en busca de lo mismo: la candidatura. Al final, el sonorense declinó participar en la precampaña. Fue, como dijo, su aportación a la unidad priísta

Nada de choque de trenes, al contrario, un cierre con broche de oro:

Nada de choque de trenes, al contrario, un cierre con broche de oro: "Mi candidato", expresó Manlio Fabio a Peña Nieto el martes pasado ante los 32 senadores restantes