Es la más antigua que se conoce y es reproducida por IMPACTO
La primera fotografía de la Virgen de Guadalupe
Por Carlos Villa Roiz
El entonces arzobispo de México, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, autorizó a que se retratara la imagen sin el cristal que permanentemente la cubre
La fotografía más antigua que se conoce de la Virgen de Guadalupe, y que reproducimos en este número de IMPACTO, fue captada por Manuel Buen Abad, de acuerdo con las instrucciones del entonces arzobispo de México, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, quien autorizó a que se retratara la imagen sin el cristal que permanentemente la cubre.
Gracias a esta fotografía de la Virgen de Guadalupe, aunque en blanco y negro, por vez primera su imagen pudo ser apreciada con fidelidad en el interior de muchos hogares mexicanos sin necesidad de que las familias fueran al Tepeyac.
Fotografías como ésta fueron colocadas en altares domésticos para su veneración, además de que con su distribución y venta de esta imagen, se pudieron obtener algunos recursos para solventar la ceremonia de coronación de la Virgen de Guadalupe, decretada por el Papa León XIII para 1895, así como para acondicionar la Colegiata de la Antigua Basílica, encargo que recibió el padre Antonio Plancarte, quien llegaría a ser el fundador de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe.
Esta histórica fotografía, del tamaño de una tarjeta postal, se conoce en nuestros días gracias a que fue pegada en la primera página de un grueso libro titulado ‘Historia de la aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe en México’, escrito por el jesuita Esteban Anticoli y que fue publicado en 1897.
En la biblioteca del Centro de Estudios Guadalupanos, UPAEP, con sede en la ciudad de Puebla, hay un ejemplar de esta publicación que amablemente nos facilitó el señor Carlos Salinas Saucedo, quien durante muchos años fue el productor de ‘Las Mañanitas a la Virgen de Guadalupe’, que Televisa aún transmite desde el 12 de diciembre de 1952.
Esta fotografía ha sido muy útil para los estudiosos e investigadores, pues en ella no aparecen los retoques que tuvo el lienzo en 1923, y por lo tanto nos remite a una imagen más limpia del original, además de que permite calcular el grado de deterioro del ayate de San Juan Diego que este 2011 cumple 480 años.
Los retoques al lienzo tuvieron lugar después de que le pusieron una bomba escondida en un ramo de flores a la Virgen de Guadalupe en 1921, cuya explosión no dañó ni a la tela ni al cristal, no obstante la onda expansiva dobló un grueso crucifijo de bronce y causó destrozos en el conjunto escultórico en mármol de carrara, que adornaban el altar.
A partir del atentado y temiendo que alguien se quisiera llevar el ayate con la imagen de la Virgen, en 1923 decidieron esconder el lienzo original y llevaron a un pintor para que hiciera algunos retoques, mal hechos, en las manos y en la cara, porque estos retoques servirían de argumento para hacer pasar el original por una copia, platica el señor Carlos Salinas Saucedo.
Luego, durante la Guerra Cristera de 1926 a 1929, cuando los templos de todo el país cerraron sus puertas a causa de la persecución religiosa, Rafael Aguirre hizo una copia de la Virgen de Guadalupe que pusieron en el lugar del cuadro original, y esta pintura, a decir verdad, casi nadie la vio porque la Basílica estaba cerrada.
Por su parte, el original fue sacado de la Basílica una noche, sobornando a los guardias, y para ello la envolvieron en telas y la metieron en una caja sellada con varias firmas que certificaban el acontecimiento, y la pusieron en el interior de un ropero de doble fondo, que fue llevada a la casa de una familia católica que vivía en la calle de Meabe.
Cuando se restableció la paz en México, en 1929, esta copia se la regalaron a la familia Murguía y el original volvió a su sitio en la Basílica, sigilosamente.
LOS OJOS DE LA VIRGEN
La cultura guadalupana del señor Carlos Salinas Saucedo no es fortuita. Su padre fue un prestigiado oftalmólogo que realizó los primeros estudios en los ojos de la Virgen.
“Hay dos estudios sobre los ojos de la Virgen. El de mi padre, Carlos Salinas, quien vio una sola imagen en sus ojos. Posteriormente, Aste Tosman amplificó los ojos 400 veces y descubrió una serie de manchas que guardan una proporción entre sí. Lo importante es que ambos estudios coinciden en que las manchas se aprecian en los dos ojos”.
La literatura sobre este tema es abundante, sin embargo, el propio señor Salinas confirma la seriedad de la investigación.
“El estudio que inició mi padre fue respaldado por 11 oftalmólogos mexicanos que también analizaron los ojos de la Virgen en el ayate, y cada quien con sus aparatos, todos ellos dieron fe de que en ambos ojos se ven figuras. Uno de los oftalmólogos, Rafael Torija Lamañet, quien no era creyente, después de estudiar los ojos de la Virgen en cinco ocasiones, creyó y fue quien dio el dictamen más completo”.