Número 3247   Domingo 20 de mayo de 2012
Religión

Hoy se vive una etapa de coexistencia y de respeto mutuo entre el Partido Comunista y las iglesias

La libertad religiosa en Cuba

Por Carlos Villa Roiz

El Estado la reconoce, respeta y garantiza, asegura el embajador de la isla en México, Manuel Aguilera de la Paz

El embajador de Cuba en México, Lic. Manuel Aguilera de la Paz, sostuvo una reunión privada con el cardenal Norberto Rivera Carrera que versó sobre la próxima visita del Papa Benedicto XVI a la isla; posteriormente asistió, con su comitiva, a la misa que celebró en Catedral. El diplomático fue entrevistado sobre la libertad religiosa en su país, a lo que respondió:

“La libertad religiosa está plenamente garantizada en Cuba. Lo garantiza el artículo ocho, que dice: ‘El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa’”.

El embajador reconoció que “hubo una época, al inicio, cuando empezábamos la construcción revolucionaria en nuestro país, que tuvimos algunas contradicciones con algunos de los representantes de la jerarquía católica, pero el pueblo cubano siempre ha sido muy respetuoso en ese sentido. En Cuba se practican diversas religiones, y todas tienen cabida en nuestro país. Hoy, las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado cubano son excelentes, y hay plena libertad religiosa”.

Hasta octubre de 1991, uno de los requisitos para ingresar al Partido Comunista de Cuba era ser ateo, pero esa disposición fue abolida durante el Cuarto Congreso del partido. En aquella fecha se eliminó de los estatutos cualquier interpretación que impidiera a un revolucionario de vanguardia, en virtud de sus creencias religiosas, ser avalado para su admisión en el partido.

El embajador Aguilera de la Paz comentó que hoy se vive una etapa de coexistencia y de respeto mutuo entre el Partido Comunista y las iglesias. “Con la Iglesia católica tuvimos dificultades hace años, que fueron superadas; todos aquellos problemas que en un momento existieron desaparecieron… (ahora) está establecido y garantizado en la Constitución de nuestra República el más estricto respeto a las creencias religiosas de los ciudadanos”.

Estas reformas ya habían sido analizadas por el comandante Fidel Castro en 1985, como dejó testimonio de ello una entrevista publicada en el libro “Fidel Castro y la religión”, y que fue realizada por el dominico brasileño Frei Betto.

“No podemos decir que nuestra Revolución es una obra perfecta, porque en tanto existan circunstancias en las que haya individuos que por determinadas creencias religiosas no tengan las prerrogativas que tengan otros, cumpliendo sus deberes sociales exactamente igual que todos los demás individuos, no es completa nuestra obra revolucionaria”, señalaba Fidel Castro, quien, entonces, reconocía que el Partido Comunista excluía a personas que profesaran alguna religión: “No puedo estar de acuerdo con ningún tipo de discriminación. Así. Te lo digo francamente. Si me preguntan si existe cierta forma de discriminación sutil con los cristianos, te digo que sí; honestamente, tengo que decirte que sí y que no es una cosa superada, todavía, por nosotros…”.

Ciertamente, la apertura religiosa en Cuba ha sido progresiva, y la visita que realizó Juan Pablo II en 1998, y la del secretario del Estado vaticano, conmemorando su décimo aniversario, la beatificación del padre Olallo en Camagüey, a la que asistió Raúl Castro, y las que han realizado a Cuba cardenales y superiores generales de distintas congregaciones, han creado un ambiente de cordialidad y confianza mutua.

En 1979, cuando se organizaba el primer viaje de Juan Pablo II a México, se planteaba la necesidad de hacer una escala técnica. Fidel Castro comentó, en la entrevista realizada por Frei Betto, que “nosotros le pedimos que hiciera una escala en Cuba, pero, a su vez, los ciudadanos de origen cubano emigrados a Miami le pidieron al Papa que hiciera una escala en Miami. Y ante aquella situación, al parecer, el Papa decidió no hacer una escala ni en La Habana ni en Miami; hizo una escala en Bahamas”.

El 30 de marzo de 2010, Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, señalaba: "En ningún momento la Revolución cubana estaba inspirada en sentimientos antirreligiosos. Nosotros partíamos de la más profunda convicción de que no tenía que existir contradicción entre la revolución social y las ideas religiosas de la población. Incluso, en nuestra lucha hubo una amplia participación de todo el pueblo, y también participaron creyentes religiosos."

La funcionaria también recordó las palabras de Fidel Castro publicadas en el libro mencionado, donde el comandante reflexionó acerca de una frase de Carlos Marx: “La religión es el opio de los pueblos”. Frente a esa tesis, Fidel Castro aseguró que esto no es un dogma del marxismo. El comandante decía: "En mi opinión, la religión, desde el punto de vista político, por sí misma no es un opio o un remedio milagroso. Puede ser un opio o un maravilloso remedio en la medida que se utilice o se aplique para defender a los opresores y explotadores, o a los oprimidos y explotados ", y añadía: "En dependencia de la forma en que se aborden los problemas políticos, sociales o materiales del ser humano, que, independientemente de teología o creencia, nace y tiene que vivir en este mundo".

Finalmente, la funcionaria cubana reconoció que “cientos de ancianos reciben esmerada atención en 14 hogares y casas de abuelos dirigidos y administrados por diferentes instituciones religiosas y asociaciones fraternales que, en su mayoría, reciben un presupuesto estatal… Nos queda mucho por hacer, debemos continuar trabajando en la unidad de los creyentes al lado de su pueblo y continuar fortaleciendo el compromiso con nuestra patria”, concluyó.

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Reformas ya habían sido analizadas por el comandante Fidel Castro en 1985, como dejó testimonio de ello una entrevista publicada en el libro ‘Fidel Castro y la religión’, realizada por el dominico brasileño Frei Betto

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La apertura religiosa en Cuba ha sido progresiva; la visita que realizó Juan Pablo II en 1998 creó un ambiente de cordialidad y confianza mutua

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Hasta octubre de 1991, uno de los requisitos para ingresar al Partido Comunista de Cuba era ser ateo; la disposición fue abolida durante su Cuarto Congreso

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