Tiene un alto valor simbólico en nuestra historia
La Virgen de los Dolores en la Independencia de México
Por Carlos Villa Roiz
> ‘La Dolorosa’ está presente en el inicio y en el final de la Guerra de Independencia
Si bien la Virgen de Guadalupe fue estandarte de la Insurgencia mexicana durante el proceso de Independencia, la Virgen de los Dolores, ‘La Dolorosa’, cuyas lágrimas ruedan por sus mejillas y cuyo corazón se representa traspasado por siete puñales, también tiene un alto valor simbólico en nuestra historia, pues el Padre de la Patria, el cura Miguel Hidalgo, era precisamente párroco en Dolores, Guanajuato, lo que es de suponer que incontables ocasiones rezara el Ave María frente a esta imagen piadosa.
Por un azar del destino o un acto providencial que aún no llegamos a entender a plenitud, aquella lucha por la Independencia técnicamente llegó a su fin con los Tratados de Córdoba el 24 de agosto de 1821, y en esa población veracruzana se tiene por patrona a la Virgen de la Soledad, una advocación más de la Virgen de los Dolores que en este caso se venera en la Parroquia de la Inmaculada.
Así pues, ‘La Dolorosa’ está presente en el inicio y en el final de la Guerra de Independencia, y así como en la imagen exterioriza su pena por la pasión y muerte de su Hijo, en los altares de nuestros templos también llora la muerte de nuestros héroes, pero también la de todos aquellos que se vieron involucrados en esta gesta heroica.
La Virgen de la Soledad que se venera en Córdoba, Veracruz, es famosa por su belleza y por el rictus de dolor, soledad y desamparo que presenta.
Su historia está ligada al proceso de Independencia. Se dice que el capitán Juan Domingo Gómez, cordobés de nacimiento y buen cristiano, tenía el defecto de desahogar sus problemas bebiendo con demasía.
Cierta noche, al regresar en mal estado, llegó a su habitación, muy sencilla, en donde apenas había un camastro y varios barriles con pólvora. Sin medir el peligro, el capitán encendió una vela y la colocó sobre un tonel y sin darse cuenta, quedó dormido.
En tanto, el centinela que vigilaba el cuartel, vio llegar a una mujer envuelta en velos negros y sobre su cabeza llevaba una mantilla. La Leyenda refiere que esta mujer se acercó al vigía y preguntó por el capitán, presentándose como su madre que venía a visitarlo.
A la mañana siguiente, el capitán refirió su sueño: La visita de una mujer enlutada y con rostro encantador que le despertó diciéndole: “Mira, hijo, lo que has hecho, por qué no te enmiendas, has puesto la vela sobre un barril con pólvora. Ella la apagó enseguida”.
Cuando el capitán despertó, recordó su sueño y descubrió que la vela estaba apagada, antes de que el cabo se consumiera. Entonces, el capitán acudió al templo para dar gracias a Dios por haber evitado esa catástrofe y reconoció en la escultura que estaba en su nicho a la Virgen María, quien la noche anterior lo había visitado. Se dice que el capitán nunca más volvió a tomar una copa.
HISTORIA DE LA IMAGEN
La escultura tiene un origen legendario. En 1675, el párroco de La Inmaculada lamentaba que en el templo había pocas imágenes piadosas, cuando inesperadamente se presentaron dos personajes que ofrecieron sus servicios como artesanos.
Pasado un tiempo, el párroco acudió al taller y descubrió que los artesanos se habían ido, pero que con los trozos de madera que él les proporcionó, se había fabricado el rostro de la Virgen de la Soledad y sus manos. Posteriormente, un grupo de damas piadosas, se encargó de fabricar el torso y sus vestidos.
Son muchos los milagros que le atribuyen a la Virgen María, bajo esta advocación. Personas de edad avanzada platican que durante la Revolución Mexicana, la imagen fue sacada a las calles en procesión.
Los habitantes de Córdoba también atribuyen a la Virgen el haber sido librados de la furia del ciclón Janet, en septiembre de 1955, cuando lluvia y vientos causaron severos daños en otros poblados de Veracruz.
Córdoba se había encomendado a la Virgen de la Soledad y en sí la gente se refugió en el templo temiendo derrumbes en sus viviendas.
A la fecha, la Virgen de la Soledad en Córdoba y en otras localidades es festejada cada 15 de septiembre y en varios poblados es llevada en andas por las calles.
CÓRDOBA
La Villa de Córdoba surgió en 1618 bajo el reinado de Felipe III, quien la honró con un escudo nobiliario. También es conocida como “La ciudad de los 30 Caballeros”, debido a que fue fundada por este número de familias que provenía del municipio de Huatusco, y que fueron de gran ayuda al gobierno novohispano, pues Córdoba se encuentra entre México y Veracruz, de modo que fue resguardo de los viajeros que estaban a merced de salteadores y vándalos.
En efecto, la zona era azotada por esclavos fugitivos, principalmente negros cimarrones, encabezados por Yanga, quienes luchaban por su libertad y finalmente la alcanzaron mediante un acuerdo de paz.
Yanga fue el primer libertador de México, sin embargo, su lucha fue local.
Uno de los pueblos cercanos a Córdoba recibe precisamente el nombre de Yanga y en él se encuentra un monumento a este caudillo.
Otra de las páginas relevantes de esta ciudad tuvo lugar el 21 de mayo de 1821, cuando se libró la última batalla por la independencia nacional, sin embargo, el acontecimiento más relevante tuvo lugar el 24 de agosto de 1821, cuando don Agustín de Iturbide, comandante del Ejército Trigarante, y Juan O’Donojú, gobernante en turno de Nueva España, firmaron el Tratado de Córdoba, que contaba con 17 artículos, referentes a la paz, la independencia y el modelo político propuesto para la naciente patria.
Dicho acuerdo de paz, que fue rechazado por la corona y era una extensión del Plan de Iguala. En él se definía al México independiente como un imperio monárquico, constitucional y moderado.
Córdoba y su Virgen de la Soledad son eslabones importantes en la historia de nuestra patria.