Número 3247   Domingo 20 de mayo de 2012
Religión

Por tercera vez desde el inicio de su pontificado

Benedicto XVI vuelve a Alemania

Por Carlos Villa Roiz

Amenaza de boicot a su discurso en el parlamento alemán no empañó su estancia en su país natal

El Papa Benedicto XVI visitó su natal Alemania por tercera ocasión desde el inicio de su pontificado, en el 2005, donde permaneció del 22 al 25 de septiembre, celebrando misas multitudinarias en Berlín, Erfurt y Friburgo.

También se reunió con integrantes de las comunidades judía, musulmana y ortodoxa, así como con víctimas de abusos sexuales de malos sacerdotes.

Por antes de su viaje pastoral, un boicot a su discurso ante el parlamento amenazaba con restarle importancia a su presencia, sin embargo, acudieron al recinto todos los legisladores, incluyendo los de izquierda, y el Papa fue ampliamente ovacionado en Berlín.

Su presencia en el parlamento se debió a una invitación de las autoridades; Juan Pablo II, en sus más de 25 años de pontificado, habló ante los parlamentos de Italia y Polonia.

En el parlamento, dijo que la política "debe ser un compromiso por la justicia, y crear así las condiciones de fondo para la paz".

Un político puede buscar el éxito porque posibilita la acción política efectiva, pero el éxito ha de estar subordinado "al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho"; de lo contrario, "el éxito puede constituir una seducción que abra el camino a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia".

A comienzos de la gira, Benedicto XVI había recordado sus raíces: "He nacido en Alemania. He recibido allí mi formación cultural, mi lengua es el alemán”, y entrevistado declaró que pertenecer a la Iglesia no es formar parte de una “asociación”, sino del pueblo de Dios.

Al referirse a los opositores de su visita, dijo que “es justo que expresen su contrariedad: forma parte de nuestra libertad y debemos ser conscientes de que el secularismo y la oposición al catolicismo son fuertes en nuestra sociedad. Y cuando estas oposiciones se manifiestan de modo civil, no hay nada que decir en contra", pero añadió: “Junto a la oposición existe también tanta gente que me aguarda con alegría, que espera una fiesta de la fe. Por eso voy con gozo a mi Alemania natal y soy feliz llevando el mensaje de Cristo a mi tierra".

También se refirió a los encuentros ecuménicos que sostuvo con representantes de distintas iglesias, especialmente la luterana: “Que los católicos y los evangélicos se reúnan es un elemento fundamental para nuestro tiempo; incluso, si institucionalmente no estamos perfectamente unidos, incluso si aún hay grandes problemas, estamos unidos en el fundamento de la fe en Cristo, en Dios trinitario y en el hombre como imagen de Dios. Y mostrar al mundo y profundizar esa unidad es esencial en este momento histórico".

Para Benedicto XVI, "en las cuestiones fundamentales del derecho, en las que está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad", el recurso a la voluntad de la mayoría no basta.

"Basándose en esta convicción -dijo el Papa-, los combatientes de la resistencia reaccionaron contra el régimen nazi y contra otros regímenes totalitarios, prestando así un servicio al derecho y a la humanidad".

Para estas personas era obvio que la legislación vigente "era, en realidad, una injusticia".

Al reunirse con 15 representantes de la Iglesia ortodoxa en el Seminario de Friburgo, el Papa alentó a buscar la plena unidad entre esta comunidad y la Iglesia católica, defendiendo, al mismo tiempo, valores esenciales, como el derecho a la vida y el matrimonio entre un hombre y una mujer.

También se reunió con 15 miembros de la comunidad judía, que preside Dieter Graumann, y recordó la visita que efectuó el 19 de agosto de 2005 a la sinagoga de Colonia, en la que el rabino Teitelbaum habló de la memoria como "una de las columnas necesarias para asentar sobre ellas un futuro pacífico".

"El Papa recordó que antes del terror nazi vivían en Alemania alrededor de medio millón de judíos que constituían un ingrediente estable de la sociedad. Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue considerada como la 'Tierra de la Shoah', en la que ya no se podía vivir”.

Aseguró que (Adolfo) Hitler era un ídolo pagano que quería sustituir al Dios bíblico, creador y padre de todos los seres humanos. “Cuando no se respeta a este Dios único, se pierde también el respeto por la dignidad del hombre. Las horribles imágenes de los campos de concentración al final de la guerra mostraron de lo que puede ser capaz el hombre que rechaza a Dios y el rostro que puede asumir un pueblo en el ‘no’ a ese Dios”, refirió.

En su viaje también se reunió con musulmanes, que en Alemania existen unos 4.5 millones de personas, de las que el 70 por ciento es de origen turco, mientras el resto procede, sobre todo, de los países árabes, de los Balcanes e Irán.

El 75 por ciento de los musulmanes de Alemania es de confesión sunita y la mezquita más antigua edificada en tierra alemana se encuentra en Berlín.

Insistió en el compromiso de fomentar, por ambas partes, la comprensión y el conocimiento recíproco, esencial, "no sólo para la convivencia pacífica, sino para la aportación mutua al bien común de la misma sociedad", y al referirse a la sociedad plural afirmó que “el respeto mutuo crece sólo sobre la base del consenso sobre algunos valores inalienables, propios de la naturaleza humana, sobre todo la dignidad, inviolable, de cada persona".

En una multitudinaria misa en Berlín, el Papa explicó que "el padre es el labrador" que corta los sarmientos secos y poda los que dan fruto para que den más.

“Esta imagen significa que Cristo ha venido a llamar a los pecadores. Son ellos los que necesitan el médico... Ésta es la verdadera y gran misión de la Iglesia, que le ha sido confiada por Cristo", aseveró.

Luego miró hacia el interior de la Iglesia donde “también hay peces buenos y malos, grano y cizaña, y si la mirada se fija sólo en las cosas negativas, entonces ya no se revela el misterio grande y profundo de la Iglesia".

Ya para despedirse de su país natal, Benedicto XVI dijo, en un discurso ante autoridades federales y locales, que tiene “confianza” en el futuro de la Iglesia en Alemania, después de lo que había podido ver y oír en su viaje apostólico.

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