Una alcaldesa de Michoacán presenta ‘las caricias’ sufridas durante dos atentados el año pasado
Las huellas del crimen
Por Redacción
El 15 de octubre de 2009, María Santos, edil de Tiquichea, se salvó del ataque de varios hombres armados con rifles de asalto y granadas de fragmentación
> Tres meses después, volvió a ser atacada: La camioneta Ford Lobo que conducía su hermano, Benigno Gorrostieta, recibió 30 balazos. Tres de ellos hicieron blanco en el cuerpo de María Santos: En el tórax, en la pierna y en abdomen
El 15 de octubre de 2009, María Santos, alcaldesa del pequeño municipio de Tiquichea, en Michoacán, sufrió el ataque de varios hombres armados con rifles de asalto y granadas de fragmentación.
No consiguieron matarla, pero sí a su marido y padre de sus tres hijos, José Sánchez Chávez.
En cuanto se curó de sus heridas, sin alharacas mediáticas ni palabras grandilocuentes, regresó a sus labores como alcaldesa.
Sólo tres meses después, volvió a ser atacada, esta vez a la salida de un acto en la Tierra Caliente de Guerrero. La camioneta Ford Lobo que conducía su hermano, Benigno Gorrostieta, recibió 30 balazos. Tres de ellos hicieron blanco en el cuerpo de María Santos. En el tórax. En la pierna. En el abdomen.
Estuvo a punto de morir, pero –una vez más— María Santos Gorrostieta se recuperó de sus heridas y volvió al trabajo.
No sin antes llamar a un fotógrafo, remangarse la blusa y enseñar su cuerpo roto, su dignidad intacta. Mejor plomo que plata. Mejor morir con la cabeza alta que vivir de rodillas ante los sicarios del crimen organizado.
Ahora, un año después del segundo ataque, sintiéndose abandonada por los jefes del PRI, incomprendida por quienes la rodean, acaba de recordar su determinación de seguir adelante: “No es posible que yo claudique cuando tengo tres hijos, a los cuales tengo que educar con el ejemplo”.
SU ATREVIMIENTO
La funcionaria dijo en un comunicado que a muchos podría parecerles un “atrevimiento” el hecho de mostrar sus heridas tal cual, sin embargo, enfatizó que era necesario dar la versión de los hechos y lo que significó ser atacada de esa manera.
“Quise mostrarles mi cuerpo herido, mutilado, vejado, porque no me avergüenzo de él, porque es el resultado de grandes desgracias que han marcado mi vida, la de mis hijos y mi familia”, añadió la alcaldesa de emanación priísta y que se afilió al PRD en agosto de 2010.
Su renuncia al partido tricolor fue por la falta de apoyo ante los ataques violentos a su persona.
“Equivocadamente muchas personas han dudado de la severidad de mis lesiones, hoy la prueba está en sus manos, mi cuerpo mutilado habla por sí solo, como una prueba de lo vulnerables que somos, de la fragilidad de nuestra vida y de los designios de Dios, siempre presentes en los sinsabores diarios”, resaltó.
“Es cierto que se me ha atacado física y moralmente, en mi cuerpo se palpan aún las heridas de las balas y del descrédito de algunos que dudan de mi cuerpo mutilado, lucho día a día para que de mi mente se borren las imágenes de horror que he vivido”, finalizó.