Los estudiantes permanecen olvidados por los gobiernos
Reflexiones sobre la educación en México
Por Antonio Pérez Abarca
Millones de jóvenes ven en su futuro desencanto y frustración por falta de empleo
Millones de jóvenes mexicanos encuentran el desencanto y la frustración a causa de que sus opciones de vida se ven reducidas a mínimas alternativas de elección real.
La educación, requisito fundamental del progreso, queda en nuestro país fuera del alcance de una gran parte de este importante estrato de la población que permanece olvidado por nuestros gobiernos.
El concepto social de la escuela es hoy más vigente que nunca, el capital humano es ese importante recurso que no debemos relegar, pues se convierte entonces en un lastre al tener a tantos jóvenes en la calle sin objetivos ni ilusiones, porque la otra alternativa que es el trabajo, también es inaccesible.
En esta época de crisis, es muy importante canalizar recursos educativos a las masas populares; el fundamento democrático de la educación necesita establecerse con más vigor que nunca para dar cauce al progreso equilibrado de México.
La principal alternativa para el desarrollo sostenido y la estabilidad tiene mucho que ver con elevar el nivel de educación en la población.
Permanentemente escuchamos decir que los jóvenes constituyen el futuro de la sociedad, por lo tanto reforzar las acciones tendientes a hacer llegar la cultura a nuestro pueblo se convierte en la política fundamental del desarrollo integral de México; no debemos permitir que continúe este proceso que condena a millones de seres humanos a la pobreza extrema y obliga a nuestros jóvenes a participar en las salidas “fáciles” que la delincuencia proporciona.
Afirma Martín Lutero “El tesoro mejor y más rico de una ciudad es tener muchos ciudadanos puros, inteligentes, honrados, bien educados porque pueden recoger, preservar y usar propiamente todo lo que es bueno”, en contraposición a los sistemas de enseñanza de Ignacio de Loyola y de sus jesuitas, quienes no deseaban la educación de las clases pobres y marginadas.
La escuela de Lutero se deslinda de ese concepto de prosperidad que es solamente poseer grandes murallas o bellos edificios, tesoros o grandes armamentos.
Las Leyes de Reforma dejan incluido su significado en la Constitución de 1857, los conceptos liberales se reflejan en el decreto del 10 de diciembre que en una de sus partes señala: “La instrucción religiosa y las prácticas oficiales para cualquier culto, quedan prohibidas en todos los establecimientos de la Federación, de los Estados y de los Municipios”.
El predominio de la razón y la ciencia se sobrepone a los conceptos del dogma de la Teología y la Patrística.
A partir de las ideas liberales de Benito Juárez, la educación dejó de estar aferrada a motivaciones religiosas y se orientó hacia el enfoque humanista y definitivamente laico.
En la Ley Orgánica de Instrucción Pública, expedida el 2 de diciembre de 1867, el espíritu de la filosofía positivista de Augusto Comte se hizo patente. Su impulsor, el Dr. Gabino Barreda, propició que la educación primaria fuera laica, gratuita y obligatoria.
De la lucha de la Iglesia contra el Estado, que terminó con la separación radical, surgió la escuela laica.
Es al maestro Justo Sierra a quien se debe que el Congreso haya aprobado el ordenamiento del 16 de mayo de 1905, elevando a Ministerio la administración educativa.
Justo Sierra es también quien lucha por el proyecto de Universidad como una corporación autónoma del Estado. El 26 de abril de 1910, Justo Sierra presentó su iniciativa de Ley ante los congresistas para establecer una Universidad Nacional: “La enseñanza superior no puede tener, como no tiene la ciencia, otra ley que el método; esto será normalmente fuera del alcance del gobierno”.
El Congreso promulga la ley del 26 de mayo de 1910 que en su artículo primero señala: “Se instituye con el nombre de Universidad Nacional de México, un cuerpo docente cuyo objeto principal será realizar en sus elementos superiores la obra de la educación nacional”.
El maestro José Muñoz Cota, en su extraordinario libro ‘La Rebelión de las Cosas’, apunta que durante la etapa revolucionaria, el Artículo Tercero de la Constitución de 1917 provocó una intensa discusión, dividiendo automáticamente a dos bandos: El radical y el conservador.
Las ideas de la literatura ácrata que el periódico ‘Regeneración’, de Ricardo Flores Magón, precursor de las doctrinas liberales en México, difundía, aunadas al conocimiento de la Revolución Francesa por parte de oficiales estudiosos, principalmente Francisco J. Múgica, defendieron los postulados de una Constitución avanzada.
Con el alma de verdadero maestro, José Vasconcelos llegó a la Rectoría de la Universidad el 9 de julio de 1920 y terminó el 2 de octubre de 1921. En su corta gestión, destacó con acierto el problema social de la cultura del pueblo y sus conceptos. El proyecto vasconcelista suponía la creación de la Universidad con todas sus dependencias, incluyendo a la Escuela Nacional Preparatoria.
Fue hasta 1929 cuando el presidente Emilio Portes Gil otorgó la autonomía, en una de sus declaraciones apunta: “La Revolución ha puesto en manos de la intelectualidad un precioso legado: La autonomía de la Universidad”.
Actualmente la demanda educativa es muy alta y genera la proliferación de todo tipo de escuelas privadas, accesibles para quienes tienen posibilidades económicas superiores, dejando así sin acceso a la educación a millones de mexicanos que viven esta forma de esclavitud a la que conlleva la ignorancia.
La Universidad Nacional Autónoma de México es un orgullo nacional, con el rector, José Narro Robles, al frente, cumple y avanza con su cometido histórico y social, superando cada día sus estándares de desempeño y permitiendo que miles de jóvenes sigan sus estudios y mantengan su fe en ellos mismos, en su escuela y en su patria.
La UNAM depende de los recursos asignados en el presupuesto, sin embargo, éstos no son suficientes para atender a tantos jóvenes que requieren apoyo educativo.
La Máxima Casa de Estudios le ha dado mucho a México y a cada uno de quienes hemos estudiado en ella; la Universidad es nuestra y ahora reclama la participación de todos por el objetivo común que es el bienestar de México y los mexicanos. Fortalecer a la UNAM es fortalecer a México.
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